En 1973, el Clásico Internacional del Caribe estaba prácticamente liquidado. ¿La razones? Tropiezos financieros, algún grado de desmotivación de los países miembros de la confederación, y tercero, la hegemonía de México, que había acaparado cuatro de las primeras seis versiones.
En ese momento, Panamá se erigió en una suerte de Mesías y salvó la carrera, que 40 años después se mantiene vigente y que en el último mes de cada año convoca en alguno de los hipódromos del área a lo más granado de la crianza de caballos del Caribe.
Como si se tratara de un destino manifiesto, justamente, cuando se cumplen cuatro décadas de esa decisión heroica de Panamá, se plantea un escenario parecido, después de que el director general del Hipódromo Las Américas en México, informara que su país declinaba como anfitrión de la Serie Hípica de este año porque “algunos países participantes han manifestado los inconvenientes para enviar sus caballos, aduciendo razones de altitud”. Como es sabido, el hipódromo Las Américas se sitúa a unos 2,240 metros sobre el nivel del mar.
¿Qué significa esto? Significa que, una vez más, Panamá hará las veces de salvavidas del Clásico Internacional del Caribe.
Y no se trata de una imposición, sino que de antemano nuestro país se comprometió como sede alterna, así que con la renuncia de México, nos toca. La confirmación deberá darse dentro de un par de meses cuando se realice la reunión de medio año de la Confederación Hípica del Caribe.
Hace dos años Panamá sirvió como organizador, y los máximos honores fueron acaparados por los caballos venezolanos. En esa oportunidad, aunque con fallas casi imperceptibles, los dos días de eventos se realizaron exitosamente.
Por fortuna, Panamá no es principiante en esto de preparar competencias de este calibre, porque previamente organizó las ediciones de 1970, 1973, 1983, 1999 y 2011.
Pero, más allá de la fiesta y de la alegría que significa tener entre nosotros a los hermanos de la región, debemos hacer un alto para revisar los últimos resultados de Panamá porque, como dice un personaje muy en boga por estos días, “qué tristeza, llave”.
Desde el año 2006, la victoria nos ha dado el dorso. En los últimos siete años hemos ido desmejorando nuestro palmarés que hasta 2006 era de 13 ganadores en 39 versiones para un envidiable 33% de efectividad. Ahora, después de 44 ediciones, nuestro promedio ha enflaquecido y eso no es precisamente una razón para estar contentos.
Hay quienes atribuyen esa mala racha a un posible decaimiento de la calidad de los caballos que hemos estado embarcando para estas expediciones. Otros estiman que muchos países han mejorado, como es el caso de República Dominicana, que en ese lapso logró su primer ganador, así como a la consolidación de Venezuela y al retorno de México, que es una potencia en la región.
El hecho concreto es que en manos de los panameños está seguir alargando la existencia de la Serie Hípica del Caribe, que a veces parece moribunda, pero siempre logra mantenerse con vida. En 1973 fuimos recompensados con la victoria de Montecarlo; en 1983, perdimos por una cabeza con French Dancer; en 1999, nuestros caballos ocuparon las cuatro primeras posiciones, y en 2011 fuimos segundos.
Ojalá este año tengamos un caballo que sea por lo menos la mitad de alguno de los anteriores para acabar ese papel de segundones que no nos sienta nada bien.