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Para una políticaeducativa de estado

Los principios generales de equidad y calidad se deben plasmar en cada uno de los niveles del sector educativo. La educación prebásica o educación inicial merece un fuerte aumento de cobertura.


Cuando oímos hablar de un gobierno manejado por el pueblo ("gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo"), la expresión no nos seduce sino en cuanto ella significa elevar la cultura popular hasta la altura y preparación de las más severas responsabilidades. Ya Croisset dijo que la educación del pueblo en una democracia asume la importancia que tiene la educación del príncipe en una monarquía.

Para realizar un vasto plan educativo, urge ante todo crear un ambiente propicio al estudio y al trabajo, un ambiente en el que sea posible transformar la pereza mental en la animosa búsqueda del conocimiento, en donde pueda educarse dentro del esfuerzo consciente para el esfuerzo creador. Un ambiente en el que no importe únicamente el prestigio intelectual sino el que tenga un alto precio también de dignidad de la vida privada. Un ambiente en donde se ejerza de por sí, sin intervención policiva, una tutela moral y espiritual sobre los estudiantes.

Para esbozar un proyecto de política educativa, es necesario tomar en cuenta la voluntad de una sociedad que en el pasado hizo de la educación una herramienta básica para el progreso de Panamá. Es a través del debate sobre las grandes metas y medios como se va formando el acuerdo sobre lo que queremos para la educación y la cultura. A las autoridades sólo les corresponde implementar ese consenso.

 

Hoy las sociedades desarrolladas tienen un intenso debate educativo. Panamá también lo ha tenido, pero el país como tal no ha tenido una política nacional frente a la educación. Al contrario, en cada etapa del proceso reformista, sólo se alcanzaron logros parciales (desde 1926 hasta el año 2008), pero todavía no ha sido posible una planificación integral de nuestro Sistema Educativo, es decir, desde la educación parvularia hasta la Universidad.

Significado de una Política Educativa y Cultural.
Una política educativa y cultural es algo mucho más complejo y delicado que una política pública de cualquier otra materia, cuyos efectos pueden medirse inmediatamente y, por lo tanto, corregirse. En educación trabajamos con el largo plazo, no sobre las cosas o productos, sino con las personas, con la gente, y los efectos de lo que hoy decidamos se medirán en 15 ó 20 años más. De ahí la necesidad de promover un debate profundo que involucre a todos, pero especialmente, a los actores propios del proceso educativo que son los educadores (maestros y profesores) y todas las familias panameñas.

Expansión, Equidad, Calidad.
A partir de la década de los años 40 del siglo pasado, la Nación panameña se propuso ampliar las oportunidades educativas (durante la administración de gobierno del Presidente Enrique A. Jiménez, de 1945-1948, se dictó la Ley 47, Orgánica de Educación de 1946, que dio estabilidad a los docentes, se construyeron más escuelas y colegios secundarios y hasta la Ciudad Universitaria). Gracias al esfuerzo colectivo, el sistema educativo expandió considerablemente su cobertura y logró niveles de calidad respetados dentro y fuera del país. Ha crecido la Educación Parvularia, pero sus beneficios aún son limitados de la población de 0 a 5 años.

 

La Educación Básica ha sufrido un estancamiento y todavía no se logra la plena escolarización.

En la Educación Media, aunque se ha ampliado, existe un desequilibrio a favor de la modalidad científico-humanista y en desmedro de la Técnica-Profesional.

La Educación Universitaria ha aumentado considerablemente, mucho más en cantidad que en calidad. La Universidad de Panamá hoy está considerada como una universidad de masas; pero se cuestiona mucho la calidad de la enseñanza superior. Ha crecido el número de universidades privadas, cuya estructura y funcionamiento merece una seria revisión académica.

 

En realidad, la tarea nacional de crecimiento emprendida desde los años 40 del pasado siglo, como dejamos dicho, todavía no ha terminado. Debemos avanzar en donde ha habido parálisis o retroceso. Hay que atender más párvulos. Hay que lograr la nacionalización de la enseñanza básica. Debemos mantener las facilidades de oportunidad de acceso a la Universidad sobre bases que permitan superar el desorden institucional que se percibe en este sector. Pero el desafío es aún más grande. Hay que enfrentar decididamente graves problemas de equidad y calidad.

En efecto, en su conjunto, la educación panameña no satisface los requerimientos cualitativos de la sociedad y de las personas. No se logran en nuestras escuelas los aprendizajes que requiere y requerirá el desarrollo económico y científico-técnico del país.

Es necesario habilitar a los panameños para integrarse a la modernidad y a la vez a la comunidad local, a la familia y al conocimiento y desarrollo de las potencialidades individuales. Hay que superar la desinformación, para no caer en el enciclopedismo y desarrollar la capacidad de aprender permanentemente. Hay que superar la uniformidad, para encontrar en el reconocimiento de las diversidades las bases de la unidad socio-cultural de la nación.

 

Además, hemos de enfrentar otro desafío: los beneficios de la educación se distribuyen insuficientemente y sin equidad. Las grandes mayorías reciben una educación de baja calidad. Son precisamente ellas las que tienen dificultades para avanzar en el proceso educativo, a menudo descubriendo tardíamente que han recibido una formación irrelevante, que no les permite acceso al trabajo o al conocimiento superior, que no favorece la ciudadanía democrática ni ayuda a resolver sus problemas personales. Panamá tiene una deuda social en educación. Los pobres tienen derecho, no sólo a entrar en la escuela sino, sobre todo, permanecer en ella y recibir una educación del mismo nivel de calidad que la de los más afortunados.

La educación es un derecho ineludible de cada panameño y panameña. Por ello debe asumirse como una tarea nacional en la cual el Estado tiene una alta responsabilidad en cuanto representante de la sociedad. Esta educación debe basarse en el pluralismo y la libertad de enseñanza, la participación y responsabilidad de la comunidad y de los actores del sistema educativo. Por ello es necesario, a nuestro juicio, una Planificación Integral de la Educación, que nos permita la construcción de un verdadero Sistema Nacional de Educación, y la dictación de una legislación necesaria para superar la actual desarticula ción del sistema.

Los Educadores (Maestros y Profesores).
La compleja tarea nacional de lograr equidad y calidad en la educación tiene un principal protagonista: El Educador. Lamentablemente, la situación aquí es crítica.

El magisterio nacional ha sido víctima de políticas económicas, laborales, administrativas y educativas que lo han afectado gravemente en su capacidad de aportar al mejoramiento de la educación. Se ha deteriorado su formación y se ha estrechado su acceso al necesario perfeccionamiento. Esta crisis de la función docente, además, se experimenta más dolorosamente en quienes atienden a las poblaciones más alejadas y pobres.

El gobierno democrático a partir de julio de 2009, debiera interesarse y procurar que la deuda social con el magisterio nacional se vaya pagando como corresponde. Para el gradual cumplimiento de esa deuda debería establecerse una comisión bipartita que estudie las medidas que irán abordando los grandes problemas que afectan al magisterio. Corresponde al Gobierno del Estado invitar solemnemente a la comunidad nacional a participar en un esfuerzo colectivo y sostenido para devolver al magisterio nacional su dignidad y llamar a éste a recobrar la confianza, y a participar creadora y responsablemente, en el gran desafío que estamos configurando de cara al siglo XXI.

La Educación Particular.
Una honrosa tradición, explícitamente garantizada por la Constitución política del Estado, establece en nuestro país la libertad de enseñanza. Al amparo de esta disposición, alrededor de un tercio de los alumnos que constituyen nuestra población escolar están matriculados en escuelas particulares. Reconocemos, por ello, el trabajo docente que realizan las escuelas y colegios particulares en toda la República. Es de incalculable valor. Pero el Estado ejercerá a plenitud todas sus actuales facultades en orden a establecer las normativas técnico-pedagógicas, a supervisar y apoyar los procesos educativos en todos los establecimientos particulares que cooperan con la función educativa del Estado.

Tareas a realizar en los distintos niveles.
Los principios generales de equidad y calidad se deben plasmar en cada uno de los niveles del sector educativo. La educación prebásica o educación inicial merece un fuerte aumento de cobertura. Se deben aumentar los Jardines Infantiles con el propósito de asegurar la igualdad, protección y estímulos a todos los niños y niñas panameños. En la educación básica urge hacer un esfuerzo sistemático para mejorar la calidad y disminuir las desigualdades. Un proyecto especial de asistencialidad escolar permitirá lograr plena atención alimenticia e incrementar la oferta de material didáctico y de becas.

La Educación Superior.
La educación superior en Panamá presenta en la actualidad una situación un tanto crítica. Por una parte se observa una inorgánica proliferación de nuevas universidades particulares. La Universidad de Panamá atraviesa por una profunda crisis económica, administrativa y también de calidad de la enseñanza que se imparte.

La gravedad de la situación universitaria implica la necesidad de generar en torno al tema un consenso nacional. Sugerimos constituir una comisión del más alto nivel, cuya principal tarea sea la de proponer proyectos de política universitaria que aseguren la coordinación del sistema y la autonomía, la excelencia académica, la mejor formación de los estudiantes y el aporte determinante de las universidades (oficiales y particulares) al progreso científico y tecnológico del país en función del desarrollo nacional.

La Educación hacia el Futuro.
Ya lo sabemos, la sociedad futura dependerá cada vez más de la capacidad de creación e información que tengan las personas. Lo que nos separa del mundo desarrollado no es sólo en función de bienes y servicios, sino también en función de los niveles educativos. Por eso, la política educativa es sinónimo de una política de progreso para un país y, por lo mismo, es una tarea que a todos nos incumbe.

Para construir el futuro necesitamos experimentación e investigación, pero también necesitamos memoria histórica sobre nuestra educación. Esto es, reflexionar sobre lo que han sido nuestras experiencias educativas, con sus éxitos y fracasos, y redescubrir nuestro pasado.

Estamos a tiempo de iniciar la tarea educativa del futuro; eduquemos para el siglo XXI. Realicemos los ideales de una educación integral adecuada a las exigencias de los tiempos nuevos y a las imperiosas necesidades del medio panameño.


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345537
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América