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Patriotas que pasan y se olvidan

Dos esfuerzos profundos realizados por el biógrafo e historiador , Dr. Celestino Andrés Araúz, sin lugar a dudas, deberían ser considerados textos de referencias sobre la Historia Política.


“Todo depende del tiempo del lugar en que se ha nacido y las circunstancias bajo las cuales se vive.” Voltaire.

Dos preciosas gemas biográficas de repente irrumpen en la monotonía del ambiente literario nacional, sin duda esfuerzos intelectuales colmados de sucesos históricos en agradable prosa, y no menos elegante y lujosa presentación de estampas y documentos valiosos, que expresan aquella nuestra semirepública de entonces. No puedo evitar decir, sin la intención de lastimar a terceros, que las biografías dedicadas a nuestros ilustres ciudadanos casi todos desaparecidos precursores de la Patria tan amada son mucho más que mediocres antologías y compendio rutinario de discursos, como suele ocurrir, no todos son realmente del biografiado.

Por otra parte, no son más que cúmulo de episodios aunque fueron ciertos de la vida de aquellos consagrados patriotas que ya pasaron, pero citados sin emoción ni sustancia atractiva. La mayoría de los trabajos biográficos, con excepción entre muy pocas la que el maestro Manuel Octavio Sisnnett (octubre de 1972) dedicó en 527 páginas cargadas de pasión, humanismo y evidentes tareas de inmersión investigativa en la vida pública, privada y entorno del más sobresaliente de nuestros pocos estadistas en la historia republicana, Dr. Belisario Porras, y que fue escogida por el jurado de un concurso en homenaje al Dr. Porras, como el más completo y estupendo trabajo biográfico entre las 35 finalistas, la que mereció más que un prólogo, un profundo mensaje a la posteridad del destacado educador Rafael E. Moscote, decía, han resultado meros trabajos o escritos a desgano e insípidos, con escaso brillo intelectual agregado del autor, en consecuencia con bajas calificaciones por el lector desilusionado.

 

La responsabilidad ciudadana nos obliga a llamar la atención de la ministra de Educación, Lucy Molinar, y el canciller de la República, Juan Carlos Varela, y de los honorables miembros de la Academia de la Historia Panameña, (sinceramente, no se si aún existe y sus honorables miembros), para señalar que las biografías del ex secretario de Hacienda y ex presidente de la República, Dr. Carlos Antonio Mendoza (1908-1910) y del ex canciller y jefe de la Misión de Panamá ante las Naciones Unidas (ONU), ex presidente del Consejo de Seguridad de la ONU, negociador jefe de los Tratados sobre el Canal de Panamá, ex diputado y ex vicepresidente y presidente de la República de Panamá, Dr. Jorge Illueca Sibauste, esfuerzos profundos ambos realizados por el biógrafo e historiador oriundo de la provincia de Bocas del Toro, Dr. Celestino Andrés Araúz, sin lugar a dudas, deberían ser considerados textos de referencias sobre la Historia Política y sus efectos en la consolidación de nuestra República, y el perfeccionamiento de la soberanía y nacionalización del Canal de Panamá, al servicio de las nuevas generaciones que se erigen como juventudes estudiosas.

Lo concibo de esta manera, ya que el profesor biógrafo Araúz y esposa, la Dra. Patricia Pizzurno, tuvieron el tino de estructurar para ambas biografías, sobre Carlos A. Mendoza y el Dr. Jorge Illueca, en tres tomos cada una, los respectivos escenarios y sucesos políticos predominantes y destacados, así como las coreografías panorámicas e infraestructuras subdesarrolladas y atuendos personales del ciudadano de aquellos tiempos de la patria provinciana. Entonces de escasa población nacional (400 mil habitantes), tímida aún, imberbe e indefensa ante la posible reacción de una Colombia ofendida.

El estilo tan agradable de la narrativa de amenos acontecimientos del pasado utilizado por nuestro biógrafo, resulta a lo largo de la lectura materia privilegiada de investigación y aprendizaje, precisamente por sus contenidos muy pocos conocidos y el estelarismo de estas dos personalidades, precisamente el primero en los albores de la República recién emancipada de Colombia, y el segundo durante la etapa también difícil sobre la lucha generacional en procura de la nacionalización del Canal de Panamá, una sola bandera y la salida de las tropas de ocupación norteamericana por la vía diplomática y negociada. Presencia militar y sendas bases que constituían una colonia norteamericana, fuerte y dominante, la que en los albores de nuestra independencia fueron benignas y recibidas con agrado, pero en el transcurrir del tiempo y con el nuestro desarrollo y educación del pueblo, fueron vistas y rechazadas cada vez más como intrusas, de ocupación e ingerencias en nuestros asuntos internos políticos desde 1903.

 

Comprensible esta bicefalia Panamá-EU porque trazos de estas interesantes biografías confirman las versiones que antecedieron de otros destacados pensadores autorizados y escritores nacionales como Ricardo J. Alfaro, Diógenes de la Rosa, Manuel Octavio Sisnett, Castillero Pimentel, Omar Jaén Suárez, Eduardo Ritter, Telma King, Aquilino Boyd, Juan A. Tack, Ricardo Ríos, Rómulo Escobar Betancourt, Humberto Ricord, Carlos Iván Zúñiga, Adolfo Ahumada, Eligio Salas, Ascanio Villalaz, Renato Pereira, Arístides Royo Sánchez, Juan Materno Vásquez y el propio Jorge Illueca, los que coinciden entre sí, que éramos los panameños, a consecuencia de rivalidades entre liberales y conservadores, además egoísmos y celos políticos personales, los que requeríamos e invitabamos con evidente sumisión, del arbitraje y supervisión constante de nuestros comicios electorales, al ministro norteamericano y gobernador de la Zona del Canal, incluso hasta definían las candidaturas como sucedió para impedir que Carlos A. Mendoza, que ocupó la presidencia de manera efímera apenas meses por deceso de los dos principales, José Domingo de Obaldía y José Agustín Arango, pudiera postularse para un segundo período presidencial, a consecuencia de que los liberales lograron el respaldo del gobernador de la Zona del Canal.

Y sugiero, convencido que debería contemplarse la idea de abastecer con estos documentos biográficos, más la del ex presidente Belisario Porras, hecha por Sisnett, debidamente remozada en nueva edición de lujo, a todas las bibliotecas publicas del país y colegios secundarios, toda vez que sus autores tuvieron la precaución de no permitir ningún sesgo hacia grupos, banderas ni movimientos políticos de aquel ayer ni el acontecer de hoy. Más bien, es un acuario cristalino de crónicas gráficas periodísticas, pero estructuradas con ética y elegancia sin descuidar la formalidad de un esfuerzo biográfico consagrado y serio, como la que se le dedica merecidamente el Dr. Jorge Illueca y familia.

Nosotros solo deseamos agregar de este ilustre caballero Dr. Illueca, que fue y es siempre un hombre digno, personalidad respetable, político elegante y de conducta pública y familiar vertical sin sospechas. Este destacado panameño de mente clara e inmensa estatura intelectual, para muchos comparados con uno de los iconos de mayor alcance y renombre como jurista de gran calado internacional, el ex presidente Dr. Ricardo J. Alfaro. Seguro estoy que nadie, ni con el pensamiento, osará disputar méritos a esta figura siempre al servicio de la Nación.

 

Casi para finalizar, considero que el Dr. Jorge Illueca Sibauste, humilde hijo de la sencilla ciudadana y telegrafista doña Venus Sibauste, ¡es el último patriota entre tantos otros ya desaparecidos, que sigue de pie y nunca de rodillas!

Por otra parte, destaca de manera impresionante en la biografía del Dr. Carlos A. Mendoza, malquerido y bajo el asecho de la oligarquía criolla de ambos bandos políticos… por el color de su piel. Aún así fue un visionario y el primer gobernante en aplicar el método de gobernar con ¡El patrullaje doméstico! (de Picher a cácher) modelo de conducir al pueblo que pronto adopta el ex presidente Belisario Porras en 1912 y retoma un reimpulso novedoso con el jefe de Gobierno, General Omar Torrijos, el 11 de octubre de 1968.

Las fotografías a colores y preciosas, que sirven de marco al Dr. Carlos A. Mendoza, estremecen e invitan a la reflexión agradable cargada de añoranzas del Panamá colonial y la República de dientes de leche. Aportes y desprendimiento nunca valorado de las familias Pascual y Liakópulos y nieto del Dr. Mendoza, y el Lic. Aníbal Illueca S., coleccionistas de estas irremplazables estampas.

 

Finalmente, lamento solo dos cosas. La primera que estos trabajos estelares biográficos de los esposos Araúz-Pizzurno,no se les haya brindado el escenario ni la solemnidad merecida para presentarlos con orgullo y fuerza patriótica al pueblo panameño, por ejemplo: en el Teatro Nacional o Atlapa, quizás las escalinatas del edificio de la Administración del Canal de Panamá. Antes bien, se han colado a hurtadillas y con pasos tímidos en el escenario literario nacional. Y mi otra inconformidad consiste en que así como el Dr. Belisario Porras tuvo sobresaliente biógrafo ya desaparecido y marginado, más por su talento, Manuel Octavio Sisnett, las vidas, participación y legados a la patria que aportaron don Victoriano Lorenzo fusilado a los 36 años, Ricardo J. Alfaro, don Roberto F. Chiari, doña Amelia Dennis de Icaza, don Ricardo Miró, Arnulfo Arias Madrid, Harmodio Arias Madrid y el adolescente estudiante y héroe nacional que ofrendó su vida en la gesta patriótica del 9 de Enero de 1964, Ascanio Arosemena, y nuestro último prócer, General Omar Torrijos Herrera, sus vidas y legados que, hoy son más que evidentes, merecieron ser elevadas e impresas por historiadores biógrafos de la talla y gran clase intelectual del doctor y profesor Celestino Andrés Araúz y su señora esposa.

“Muy cierto, señor ministro Papadimitriu, los pueblos no se alimentan de la historia de sus mejores hijos, pero sí los educa e inspira y, quien se educa, seguro alimentará y educará a su familia.”


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629268
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América