El sol se asoma detrás del Cerro Ancón y sus rayos besan tímidamente la puerta del cuarto de alquiler de la familia Flores, en la Casa de Piedra en el barrio de El Chorrillo. Amanece ese jueves 9 de enero de 1964. Avanza la mañana y como siempre, los más pequeños de la familia se levantan reclamando su desayuno. Pedro Flores enciende la radio mientras desayuna y se prepara para irse al mercado público donde adquirirá productos del mar que posteriormente venderá en la pequeña fonda familiar.
La radio de la familia ubicada en una tablilla, en lo alto, pegada a la pared, transmite a través de sus ondas hertzianas un recuento de los sucesos previos en torno a la izada (esa mañana) de la bandera de los Estados Unidos, frente a la Escuela Superior de Balboa, en abierta violación a lo ordenado por el gobernador de la Zona del Canal, general Robert Fleming, con base en el acuerdo firmado entre él y autoridades panameñas.
El locutor de la radio manifiesta: “Como ustedes recordarán, queridos radiosescuchas, hace poco más de un año: el lunes 7 de enero de 1963, el gobernador Fleming; el embajador de los Estados Unidos ante el Gobierno panameño, Joseph Farland; el ministro de Relaciones Exteriores, Galileo Solís, y el exministro de la cartera, Octavio Fábrega, llegaron a un acuerdo en cuanto a izar la bandera panameña en los sitios en donde fuera izada la bandera norteamericana. Además a partir de enero de 1964, la bandera norteamericana no sería izada frente a los colegios reservados para estudiantes estadounidenses ni frente a otros lugares públicos”.
Manuel, uno de los más pequeños de la familia, cursa el sexto grado de escuela primaria, cuenta con solo 11 años y no se explica por qué las palabras del locutor causan en él una desazón y una opresión en el pecho convertida en enojo y sin poderse reprimir, le exclama a uno de sus hermanos mayores: “Los gringos creen que son vivos, me cabrea esa ahuevazón”.
A las 12:30 p.m., Manuel sale del cuarto rumbo a su escuela ubicada en Barraza, y alcanza a oír por la radio: “En un abierto desafío a sus autoridades, los estudiantes y sus padres han montado guardia frente al asta de la bandera, ubicada frente al colegio de Balboa, para evitar que las autoridades del mismo o los policías arríen el pabellón estadounidense”. Camino a su escuela, pasa por el Cuartel Central de la Guardia Nacional y piensa: “Todo lo que está pasando y estos (se refería a los guardias) encerrados y sin hacer nada”.
En la escuela no puede seguir enterándose de lo que ocurre, pero en el rostro de los maestros y maestras se notaba la preocupación. A las 4:00 p.m. sin mayores explicaciones, se suspenden las clases en la escuela de Manuel y los maestros envían a los estudiantes de vuelta a sus hogares.
Al llegar a casa, Manuel le pide a su madre que encienda la radio, ya que él no alcanza, su madre accede, y se escucha: “Aproximadamente a las 5:00 p.m. un grupo numeroso de estudiantes del Instituto Nacional entran a la Zona del Canal, visitan a las autoridades “zonians” y obtienen permiso para izar la bandera panameña al lado de la estadounidense ubicada frente a la Escuela Superior de Balboa. Logran incluso el permiso para cantar el himno nacional”.
A las 6:30 p.m., Manuel oye que los gringos asesinan a un estudiante de la Escuela Profesional con un rifle cargado con balas para matar patos. No aguanta… le solicita a su madre permiso para salir del cuarto, esta se lo niega. Se escapa y se dirige al límite de El Chorrillo. Hay gente huyendo por todas partes mientras los gringos (militares y civiles) le disparan a la población indefensa. En su huir desaforado, Manuel llega hasta la Plaza 5 de Mayo, su deseo es cruzar la cerca para ir a la Zona del Canal…súbitamente algo lo golpea en la espalda y cae boca abajo.
Escucha a los lejos: “Hay que ayudarlo, se va a desangrar”- gritan unos- otros: “No podemos hay un tanque de los gringos apuntando hacia acá”- aquellos: “Subamos al poste a colocar la bandera”. Mientras la vida de Manuel se diluye mezclada con la sangre que emana de su cuerpo, sus ojos entreabiertos solo logran ver nuestra orgullosa bandera nacional ondeando sobre el poste del alumbrado eléctrico y sus pálidos labios esbozan una media sonrisa.
* Egresado del Diplomado en Creación Literaria