Aunque todos reconocemos y, de alguna manera, aplaudimos la excelente demostración del caballo mexicano Diamante Negro en el Clásico del Caribe, disputado hace siete días aquí, seguimos impactados por la manera como se nos arrebató el triunfo.
Quizás el resultado afecte menos a quienes estamos acostumbrados a este tipo de competencias y sabemos que en fracciones de segundo puede variar el resultado de una carrera de caballos, pero quienes se convirtieron en espectadores ocasionales por la magnitud del evento, no se explican lo sucedido.
A ellos es importante señalarles que hay múltiples factores que determinan el resultado de una competencia hípica. Esos factores comienzan por la calidad de los competidores, pasan por el entrenamiento y las condiciones atléticas y siguen por la posición de partida, el estado de la pista, la distancia, la velocidad, la estrategia, la capacidad de cálculo del jinete y hasta la suerte, que siempre es necesaria.
Pero este análisis apunta hacia el tiempo final de la carrera y los parciales que marcaron los competidores. No olvidemos que este clásico se desarrolló sobre 1,800 metros, lo que equivale a una milla (1,600 metros) y dos dieciseisavos.
Se reportó que el recorrido fue cumplido por los 11 participantes de México, Panamá, Puerto Rico y Venezuela en 1:54.2 (es decir, un minuto cincuenta y cuatro segundos y dos quintos de segundo). Este tiempo representa el promedio que estuvo marcando la potranca panameña Jubilee Queen mientras se paseaba triunfante en las carreras clasificatorias. En otras palabras, tanto ella como Tomás Gabriel, el otro nacional, mantuvieron su nivel.
El primer cuarto de milla lo pasaron en 24.1, siguieron la media milla en 49.1 y sellaron los primeros 1,200 metros en 1:14.1, siempre con Tomás Gabriel marcando el paso. Así llegaron a la recta de las soluciones en la que cumplieron la milla en 1:40.1. En ese punto los representantes locales comenzaban a echar el resto y de paso a evidenciar agotamiento, a pesar del paso relativamente lento que tuvieron desde el vámonos. Nótese que desde el punto de los 1,200 metros a la media milla hicieron un registro de 26 segundos y el último furlong lo pasaron en 14.1.
Aparte del caballo boricua Son de Goma, que se asomó con peligrosidad en los 700 metros finales y llegó prácticamente a igualar a Tomás Gabriel cuando se asomaron a la tierra derecha, el resto de ejemplares nunca estuvieron en la discusión.
El paso de carrera no fue intenso, pero al final la pista pareció pasarles la factura a todos los representantes nacionales.
Los cuatro caballos panameños alternaron en las posiciones de mando durante la mayor parte del evento y después les costó subir la loma.
Si se aprecia detenidamente el accionar de Jubilee Queen, cuando asumió la punta a falta de 200 metros para el final, se ve que le estaba costando despegarse de Tomás Gabriel y este tampoco tenía mucho para responder. Es así que Diamante Negro, que siempre estuvo pescando y no fue apurado durante las primeras tres cuartas partes de la carrera, prácticamente arrancó a correr en la tierra derecha y, producto del inexplicable desgaste de los punteros, que insistimos iban en un paso cómodo, su arremetida pareció más contundente de lo que en realidad fue.
No se trata se excusas ni mucho menos de minimizar la legítima victoria de Diamante Negro, pero hay que saber observar las carreras de caballos; eso es un arte.
No hay quejas sobre las actuaciones de los jinetes panameños Ricardo Santana Jr. (Tomás Gabriel) y Luis Arango (Jubilee Queen) como tampoco de sus condiciones físicas ni mucho menos de su calidad, sencillamente, aunque no nos haya gustado, esta vez nos tocó perder quizás porque nuestros caballos caminaron más de lo que corrieron.