Álvaro Vargas Llosa, hijo mayor del novelista peruano Mario Vargas Llosa, aprendió bien-bien dos cosas del padre: la primera, que tenía que vivir del periodismo, y para esto se inició a los 15 años, casi a la misma edad en que el padre entró a los diarios peruanos a escribir crónica roja; y segunda que en política, solamente, se aporta estando fuera de los países, observando la realidad desde las fronteras.
Este Vargas Llosa fue uno de los expositores en el V Congreso de Periodismo, realizado por el Centro Latinoamericano de Periodismo, Celap, en la ciudad de Panamá, esta semana, donde participaron unos 200 comunicadores de diferentes países. Día D habló 24 minutos con el periodista, sobre periodismo cibernético, política, libros y sobre su padre, este último, un tema obligado por la relevancia del novelista.
La aparición de estos medios para Vargas Llosa es un fenónemo interesante porque ha permitido ampliar la participación de más gente en la producción y en el consumo de noticias, y por otro lado, ha implicado para los medios ya establecidos un nivel de competencia mucho mayor del que tenían. "De algún modo ha obligado a los poderes establecidos, políticos, económicos, incluso el militar, a recibir un nivel de fiscalización mucho mayor del que tenían antes".
Existe en la actualidad una explosión de nuevos medios, que implica la velocidad en el tratamiento y en la transmisión de la información. La globalización de estos medios -los digitales- implica que todo lo que se vea allí se vea en todas partes. "Esto lo estoy viviendo en Estados Unidos, porque soy un periodista también".
Ante la migración hacia este nuevo periodismo, o plataforma que soporta al periodismo, Álvaro, reconoce que hay diferencias. Del periodismo viejo hay gente que piensa que es más riguroso, más reposado, que tiene más tiempo para seleccionar la información, es más autocrítico, debido a que los medios tradicionales tienen sistemas de división entre las responsabilidades, hay quienes investigan la información, quienes la redactan y quienes la editan.
Lo anterior no encierra el total de los medios, escritos y digitales, "ahora bien, también hay medios y medios. Hay medios digitales que tienen rigor y capacidad para llegar a la verdad igual que otros medios, por ejemplo, los blogs que en la campaña electoral norteamericana del 2004 acabaron con el empleo de uno de los más famosos periodistas de la televisión".
¿Habrá llegado la muerte de los medios tradicionales? Así, como es verdad que los medios más tradicionales, no estaban sometidos a la misma velocidad a la que están los medios digitales, los primeros tienen mayores salvaguardas para proteger la veracidad de la información, "muchos medios hoy están demostrando que son capaces de ser medios digitales y medios tradicionales al mismo tiempo".
El periodismo digital requiere de cambios. Uno de estos, señala, está en que los medios tradicionales acepten la realidad y traten de adaptarse a ella. "Esto no puede ser una amenaza sino la oportunidad de transformarse ellos mismos, y no me refiero solamente a tener versiones on line, que es ya un paso; me refiero a que su oferta informativa sea un poco más descentralizada y que permita lo que se llama, en algunas partes, el ciudadano reportero, hay un periódico en Corea del Sur que tiene 50 mil reporteros ciudadanos".
Este modelo de periodismo no escapa de la realidad peligrosa en que se ejerce la profesión en Latinoamérica. "Es una profesión arriesgada en América Latina, todavía se corre el riesgo de morir, el número de periodistas que mueren es escandaloso. En Colombia, el periodismo es asunto de vida o muerte y requiere de coraje, entonces esta carrera tiene una responsabilidad mayor, en los países con democracias a medio hacer. Mucha gente ve en el periodismo el reemplazo de ciertas instituciones. Hay naciones donde el periodismo y los medios audiovisuales se vuelven reemplazantes de los partidos políticos y del sistema judicial".
Cambios en la política
Vargas Llosa comparte que "estamos en sociedades donde desgraciadamente hay digamos una tendencia a aceptar ciertas ideas que han probado ser un fracaso para nuestros países... y muchos medios reflejan estas malas ideas, en este caso el periodismo no cumple con la función que debería cumplir: acercarse a la verdad lo más posible. Este periodismo es un ingrediente de nuestro subdesarrollo, que en vez de ser un antídoto contra el subdesarrollo... con esto he tenido una actitud bastante crítica".
Álvaro a finales de los 80 fue el jefe de campaña presidencial de su padre en el Perú. En aquellos años, señala, América Latina vivía un fenómeno que en los años posteriores llegó a tomar cuerpo notable: estábamos aferrados al viejo populismo, que tanto daño había hecho a nuestros países. Esas ideas quedaron desacreditadas por el colapso del muro de Berlín, por el colapso del sistema soviético, entre otras pruebas.
América Latina fue descubriendo que si quería formar parte del mundo globalizado tenía que abrirse a las nuevas tendencias. "Yo no puedo decir que hoy hemos renunciado a las viejas tendencias, que hemos asumido la apertura de una forma definitiva, aunque hay un progreso notable, hoy en día, todavía están ahí los Hugo Chávez y compañía, yo diría que un porcentaje alto de América Latina está en otra tendencia".
"Cuando nosotros hacíamos política -campaña de Mario Vargas Llosa a la presidencia de Perú a finales de los 80- este fenómeno estaba recién empezando. Nosotros nos enfrentamos a un muro de concreto grande, nos fue muy difícil la tarea y me alegro de haber formado parte de una corriente pionera, y eso me parece interesante".
Manual para idiotas
Cuando apareció el primer libro del "Manual del perfecto idiota latinoamericano", para Álvaro teníamos los medios, las universidades, los partidos políticos, los escritores, los agentes de transmisión de ideas estábamos bajo el embrujo de las ideas populistas. "Hoy tenemos otra realidad, hoy tenemos una lucha entre dos bandos; uno, que quiere volver atrás, que busca darle el beso de la vida a un cadáver; y la otra que está al fondo de la apertura, con sus imperfecciones".
Algunos países han aprendido la lección, aunque a medias. Perú eligió a Alan García, un populista en otras décadas, que hoy se ha convertido en aliado de la apertura. El caso de México, que rechazó el populismo, "el mundo latinoamericano que estuvo bajo el influjo de esas ideas, hoy la sensatez y la cordura son más fuertes".
Manual para idiotas II
El segundo libro "El regreso del idiota" tiene un mensaje de advertencia para aquellos países que no han rechazado el populismo y intentan contagiar a otros de esta corriente. "De no detenerse esta corriente, América Latina corre el riesgo de quedar totalmente aislada, rezagada. Yo veo con tristeza que los grandes centros no cuentan con América Latina, precisamente, porque gente como los Chávez, Ortega, Correa, Morales, emiten las señales equivocadas de que América Latina, que quiere volver al proteccionismo, que quiere combatir las grandes democracias liberales. El peligro es si eso sigue creciendo, esta tendencia populista, demagógica y antioccidental que nos puede llevar a ser totalmente irrelevantes".
Sobre Panamá, Vargas Llosa, no ve el peligro tan cerca por otras condiciones que soportan al país. "Panamá cuenta con un centro financiero y con una conexión con Estados Unidos, pero su política tiene síntomas muy grandes de subdesarrollo, su realidad comercial de algún modo atenúa los efectos perversos del subdesarrollo político y espero que este boom económico no termine como en otros países".
"No tengo tiempo para aburrirme"
El hijo del candidado eterno al premio Nobel de Literatura comparte que tiene muchos proyectos entre manos. Trabaja dirigiendo el centro de Investigaciones para la Prosperidad Global del Independence Institute, destinado a estudios en países en vías de desarrollo. Este empleo lo ha llevado a conocer la realidad en estas regiones, incluyendo Panamá que forma parte de los documentales que se estrenan en octubre sobre temas políticos y económicos; también escribe una columna para el Washington Post, participa en una tertulia de radio en España, representa al diario La Tercera y dicta conferencias, entre otras actividades.
El género novela está en descanso
"Siempre hay proyectos, aunque no puedo hacer todo al mismo tiempo, mi propio proyecto ambicioso es un libro sobre la emigración, que mezcla ensayos, reportajes, testimonios, ideas, propuestas, una defensa de ideas, un tema vital en nuestros países, a esto dedicaré los próximos dos años.
Fuera de la entrevista, preguntamos si creía que el Nobel 2008 sería para su padre, Álvaro responde con una sonrisa que no, que no lo cree. Agregó que su padre se mantiene trabajando en Europa, en su nueva novela. Sobre el infarto que los medios sureños reportaron de Mario a principio de año, dijo que fue una falsa alarma, que el está bien, y que fue a la clínica por un chequeo que se hace todos los años en España o en Londres y que este año aprovechó el viaje a Perú para realizárselo, alguien lo vio en la clínica y dio la información.
No piensa dejar el periodismo
"Empecé a los 15 y aunque hago otras cosas, nunca dejo de dedicar tiempo al periodismo, lo que aprendo en periodismo lo vuelco sobre lo otro que hago, el periodismo me da una técnica, un cristal para abordar otras cosas, porque el escritor que se queda en un escritorio corre un gran peligro...".
Si tuviera que escoger tres libros de los escritos por Mario, Álvaro escogería La guerra del fin del mundo, Conversaciones en la Catedral y La fiesta del chivo.
Nunca seré candidato presidencial
Álvaro descartó ser candidado presidencia en Perú como su padre, esta decisión la sustenta en que tiene una ventaja, descubrió desde muy joven que la política es sucia, frustrante, "fue una experiencia aleccionadora, puedo ser más útil para mis países haciendo lo que hago: luchar contra el poder".