Una información publicada hace dos días en la sección de Finanzas de este diario, que daba cuenta de un halagador aumento de 14.5% en la mayoría de los juegos de azar exceptuando la hípica - que según la nota periodística sigue en picada -, no es más que una radiografía que pone al desnudo una la realidad que la hípica no ha enfrentado con la estrategia adecuada.
Sorprende saber que en un mercado en el que se han movido 513 millones dólares, en el primer semestre del año, la hípica que es una industria que porcentualmente promueve más fuentes de empleo y que en nuestro país tiene una tradición de 82 años, únicamente haya captado B/.9.650.000.00, cantidad que representa un porcentaje ínfimo, por no decir bochornoso.
La administración del hipódromo acepta que la jugada ha descendido en un 7% con respecto al año pasado. Eso es, más o menos así, ya que en los primeros meses del 2001 se jugaron B/.10,194.00 contra los 9.6 de este año.
Incluso, aunque haya quienes pregonen lo contrario, las apuestas han seguido su curva descendente en los últimos tres meses con B/.1,628.514, en mayo, B/.1,530.460.75 en junio y B/.1,444,449.75 en el recien terminado mes de julio.
Pero, aunque las cifras no son muy alentadoras, todo no está perdido. Sencillamente hay que hacer los correctivos que permitan a la hípica ser competitiva en un mercado en el que la Lotería se lleva 144 millones 453 mil dólares y los casinos B/.369,434.000.00, para citar un par de ejemplos.
Tendríamos que deternermos y hacernos una pregunta: ¿Que tiene de divertido sentarse toda una noche frente a una máquina y tirar de una palanca en repetidas ocasiones hasta que una vez, cada cierto tiempo, escuchemos la estridencia de algunas monedas que en la mayoría de los casos no resarcen la inversión que hemos hecho?.
La respuesta es sencilla. Aunque sea aburrido sentarse ante la “maquinita”, con ella un dólar vale mucho más que en el hipódromo. En los casinos la coima que se deduce a los apostadores es muy inferior a la del hipódromo, en donde cada dólar al final de la carrera vale 60 centavos.
En otras palabras, para que la hípica sea competitiva tiene que adaptarse a esa realidad y ofrecer un poco más a sus clientes (apostadores), mejorando sus dividendos.
¿O será que preferirán decir que las apuestas no aumentan porque los medios no hablan bien del espectáculo, mientras los millones siguen entrando y saliendo de la lotería, los casinos y los sports bettings?.
Es que nadie compra huevos para vender huevos. Es cuestión de dividendos. Cuánto pongo, cuánto recibo a cambio. Elemental...!