Una Copa del Mundo empañada por los errores de los árbitros y los asistentes de línea terminó con una actuación impecable del italiano Pierluigi Collina, considerado como el mejor del mundo.
Brasil ganó su quinto título mundial al derrotar a Alemania por 2-0, con dos goles de Ronaldo, y ninguno de los dos equipos tuvo razón para quejarse por la manera en que el árbitro, con su característica cabeza rapada, condujo el partido más importante. No hubo una sola decisión controvertida y en ningún momento el partido, fuertemente disputado, estuvo en peligro de salirse de control.