Yo diría sobre todo esto último: alejado de convencionalismos, porque para este español nacido en Madrid, pintar es dejar que algo pase a través suyo, no se trata de conceptos preconcebidos.
Ha estado en Panamá unos días antes de los atentados del 11 de marzo en Madrid, para presentar una exposición en el Museo del Canal, y cuya inauguración fue pospuesta porque justo coincidió con la repudiada masacre de Atocha.
CF. Esta muestra transcurre en el tiempo a que se refieren los cuadros allí expuestos. Van del año 95 al 2002. No es una muestra preparada para la exposición, sino un conjunto de obras escogidas. Tiene una unidad, es un trabajo completo. En 1995 estaba yo madurando una forma de pintar en la que el fondo tenía un papel determinante o seas que en el momento de preparar el fondo, en lugar una actitud mecánica, desde el principio en los fondos ha habido una intención.
CF: En este caso la intención era tener un fondo con significado, que de alguna forma fuera metáfora de lo que nos pasa cuando venimos al mundo; que de todas maneras no es cierto aquello que decía Descartes de que llegamos aquí con la mente totalmente en blanco, sino que llegas y ya tienes un mundo creado para ti, en el que moverte, significados de asociaciones que han pasado los que te rodean, situaciones por las que pasas, y con las cuales, cuando comienzas a elaborar tu mundo, ya estas lidiando con un mundo que tienes hecho y con el cual te tienes que adaptar.
Aun cuando se trata de una figura cuyas exposiciones ocupan destacados espacios desde los años 70, es la primera vez que ha estado en Panamá, y apela al puente de agua que transcurre por el istmo, en busca de simbolismos.
CF. Hay un tema que me gusta a nivel simbólico que es el Canal de Panamá, un canal que junta a dos mundos oceánicos. En mi pintura intento crear puentes que junten el pasado con el presente, y que de esas uniones salgan extrañas profecías sobre el futuro, porque luego te das cuenta de que cosas que has pintado pasan luego.
CF: En esta muestra primero hice un paisaje al óleo, luego lo fotocopie en blanco y negro directamente del lienzo, para darle unidad a toda la obra. El paisaje funcionaba como estructura del propio cuadro, estuve un año con él, y también con esa idea de que era un fondo que ya tenía un significado, el propio mensaje con el que me encontraba en toda la serie y con el cual tenía que lidiar. En ese momento el paisaje y el fondo se juntan y se convierten en lo que yo me encuentro cada día cuando voy a pintar.
CF: En ese momento mi forma de pintar es más bien dejar que pase algo a través de mí, no tener un juicio sobre lo que estoy haciendo sino dejar que se exprese lo interior de uno.
CF: Ese fondo funciona como un elemento casi escénico pero con el cual hay que juntarse estéticamente. Quiero decir con ese gusto o no gusto o la apreciación de algo que te gusta a un nivel muy primario, o sea muy profundo;, o sea una elección de algo que te gusta pero no sabes decir porqué; la intuición de algo muy interno que no sabes cuan interno es, de lo interno que es, o sea toda esa parte que los victorianos han obligado de alguna forma a despreciar, lo que parece que tiene un carácter superficial, pues el carácter superficial de las cosas es muy realista porque no podemos indagar más allá de una manera cierta, sino a través de sensaciones internas, de si me gusta o no me gusta.
Para Carlos Franco se trata de una situación que vive de manera festiva “porque en el momento en que yo estoy pintando siento como un resurgir de la vida”. Es el éxtasis del creador, quien va dando forma a eso que Felipe V. Garín Lombart llama “la fuerza e una expresividad capaz de integrar tendencias y sensibilidades en apariencia contradictorias”.
CF: Pintar me da mucha vida. Utilizo tres colores que van en tres paletas: la paleta de los colores antiguos: marrones, rojos, óxidos, verdes tierra. Luego los de los impresionistas que coinciden mucho con la paleta folklórica de países coloristas como los sudamericanos, España, Italia, y luego la paleta de los fluorescentes que tienen una altura mayor de luz y capacidad de vibración. Con eso intento acercarme al blanco y crear sombras transparentes al tener la paleta fluorescente de luz. Coincide con cosas folklóricas, en el sentido de que estamos hablando de un conocimiento antiguo que se expresa a través de elementos artesanales, pero basada en un conocimiento antiguo sobre una forma de ver el mundo. Con esas tres claves de color las uso como un lenguaje que no es verbal, sino preverbal. Esas tres paletas las intento juntar para crear una sensación de realismo mayor.
La muestra que expone en el Museo del Canal viajará luego a Costa Rica, Puerto Rico, México y Brasil. Mientras contestaba nuestras preguntas daba rienda suelta a su mano y sobre la primera página del catálogo que nos obsequió trazaba nuestra silueta y el fondo que nos servía de escenario. Esa manera rápida de captar los escenarios, los fondos y los colores permite reconocer en él un grado de sensibilidad que, provocadoramente tratamos de conocer:
CF: Pues una burrada. No se trata sólo de que cambien los malos sino que también hubiera otros cambios que permitieran que más gente apoyara la actitud de tolerancia.
Edwin Cedeño: Esto es una falacia: CASI TODAS LAS OBRAS NACIONALES SE HAN MONTADO. Son pocas las obras de autores panameños que no han sido llevadas a escena. Tenemos el Festival de Teatro Panameño como prueba de esta dinámica. El tema de la calidad del montaje de estas obras es otro asunto que debe discutirse con la dirección artística, la producción y el autor. Si, considero que los dramaturgos panameños deben estar más en contacto con las producciones y directores del medio, pues no se puede crear un movimiento si no hay cohesión. Igualmente los dramaturgos deben plantearse si escriben teatro para ganarse el Miró o para llevar la dramaturgia panameña a un desarrollo que pueda compararse con estándares internacionales; o bien si son escritores en general y que han escrito un par de obras, pues el oficio de la dramaturgia tiene particularidades únicas, las cuales son muy exigentes. Edwin Cedeño: Absolutamente. Hacer una obra del tipo de "El Inspector", involucra un gran riesgo económico. Pero hay que hacerlas. Edwin Cedeño: Hay una diferencia entre público y clientela. Hoy día, las producciones cuentan con una cartera de clientes que de alguna manera llevan público a las obras. Sin embargo, es muy difícil medir la reacción del público cuando la decisión de asistir al teatro ha sido motivada por otras causas excepto el interés personal por ver la obra. Sobre esto hay un libro de Lucina Jiménez que se titula TEATRO Y PÚBLICOS en el que hace un estudio intensivo de este fenómeno. El teatro tiene que ser rentable, sin embargo hay que preguntarse hasta donde se puede llegar en ese afán de rentabilidad, pues el impacto del teatro es a nivel de valores sociales y culturales lo cual se mide a mediano y largo plazo en las sociedades consumidoras de espectáculos teatrales.