Deportes

Pleito entre dos empresas de televisión


YES, dueña de los derechos de difusión y Cablevisión, uno de los proveedores del servicio de cable, está atrapado en un enredo debido a la negativa de Cablevisión de pagar una tarifa mensual a YES de $2 por suscriptor. Si suena muy confuso no lo es. El punto es sorprendentemente simple: los fanáticos deben pagar a los Yankees boletos y precios por concesión más elevados o incrementar las tarifas del cable para tratar de compensar el costo de hacer negocio con YES.
(Mensaje a YES y Cablevisión del presidente del barrio de Bronx, Adolfo Carrión, Jr.: "Rompan un trato, porque el béisbol no es nada sin sus fanáticos".)
La disputa de televisión es el último síntoma de la enfermedad generativa que es la influencia del dinero en los deportes profesionales, sólo una prueba más de que el pasatiempo americano es cada vez menos accesible a los americanos promedio.
Siempre y cuando, por supuesto, el bar no sea uno de esos bares de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut (incluyendo el Bronx, donde juegan los Yankees) que son parte de los tres millones de suscriptores del cable, que han perdido el acceso a los juegos de los Yankees televisados, debido a la disputa de billones de dólares entre YES Network y Cablevision Systems Corporation.
El Sr. Dolan sugeriría agua y rosquillas como remedio, pero aun una dieta como esa va a costarle, considerando que una botella de agua marca Poland Spring cuesta $4 en el estadio en estos días y una rosquilla especial cuesta $3.50 . Oye papá, cómprame maní ($4) y unas palomitas de maíz dulces ($5). Sin problema hijo. Recibes un dólar como vuelto de un billete de $10.
En una ciudad donde tu primera cita en un cine de Manhattan puede salirte por $20, es poco sorprendente que para presenciar un poco del pasatiempo americano, tengas que sacar un préstamo bancario. Un viaje a un estadio de pelota le cuesta a una familia promedio de cuatro miembros, un poquito menos de la mitad de la renta mensual para unos afortunados de Nueva York.
De acuerdo con el Team Market Report, editor de información de negocios deportivos, la gran suma de $197.09 se necesitó para que papá, mamá y los dos niños presenciaran un partido placenteramente -boletos, programas, gorras y refrescos- en un viaje al Estadio de los Yankees el año pasado. Sólo el Fenway Park de Boston es más costoso. Sólo imagínese a los jóvenes de North End pagando $214.33 para ver un equipo que ni siquiera ha ganado una Serie Mundial desde 1918.
Es casi suficiente para hacer que un fanático corra y compre, para toda la temporada, boletos de los Ciclones de Brooklyn, la liga menor del Coney Island. O mejor puede sentarse junto al Sr. Dolan en el bar.
Se puede culpar a la América Corporativa, dicen los expertos. El costo de todo, desde estacionar el vehículo ($16), hasta una camiseta a rayas con broche ($22.50), se ha ido al cielo en los últimos 10 años porque a las grandes corporaciones, las sociedades limitadas y las firmas de Wall Street de la ciudad, les encanta hacer negocio en los parques de pelota y están dispuestos a pagar el precio.
"Durante la última década, la base de seguidores ha cambiado de las familias con pequeñas furgonetas, a corporaciones grandes que están ahí para dirigir el negocio", dijo David Carter, dueño principal de Sports Business Group, una compañía consultora de deportes.


fecha edicion
old id
83389
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América