Diecisiete partidos después, el Mundial de Sudáfrica sigue la estela de los torneos anteriores: poca eficacia goleadora.
Y es que en 17 juegos sólo se han anotado 28 tantos, lo que deja el promedio en un pálido 1.64 goles por choque.
Esto habla de un torneo, hasta aquí, que ha sido malo, con malos juegos, pocas emociones y muchos bostezos.
Pensar que antes de iniciarse la competencia, los porteros de la élite se quejaron del balón porque, supuestamente, éste favorecía a los delanteros. Hasta ahora no ha sido así.
Algo está pasando en los mundiales, la sequía de goles es tan reiterativa que ya no es noticia, lo triste es que con la cantidad de jugadores sobresalientes que desembarcaron en Sudáfrica, el poco aporte de goles resulta ofensivo.
El argentino Lionel Messi es, quizás, es el que más erró de cara al marco, aunque el 10 de la Albiceleste se topó con un portero (el de Nigeria) que atajó todo lo que pasó por su área sin complicaciones.
Mientras Messi se cansó de fallar, el portugués Cristiano Ronaldo y el camerunés Samuel Eto’o no estuvieron ni cerca de dejar sus sellos en las redes.
Ojalá que en la segunda parte del torneo todo mejore, porque hasta aquí es aburrido.