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Políticamente correcto

Todos somos ignorantes. Y lo somos porque por diversas razones carecemos de algunos conocimientos. Pero espetarle a una persona que es ignorante puede llevarnos a un encuentro


Egbert Lewis / PANAMA AMERICA

Todos somos ignorantes. Y lo somos porque por diversas razones carecemos de algunos conocimientos. Pero espetarle a una persona que es ignorante puede llevarnos a un encuentro más allá de la dialéctica, incluso, dependiendo del carácter de la contraparte, tal osadía nos puede costar una nariz rota.

Para evitar ese tipo de tropiezos se ha instituido el llamado lenguaje políticamente correcto.

Es así que en vez de decirle a un ignorante que es eso, un ignorante, lo diplomático es hacerle la observación de que no es poseedor de conocimientos básicos.

Este es tan solo un ejemplo de la manera como se pueden suavizar algunos padecimientos humanos y sociales, a la vez que se maquillan realidades que no pierden su contundencia, aunque les cambiemos el nombre.

Un sujeto que nos despoje de nuestras pertenencias no dejará de ser un ladrón, aunque nos digan que es solo un amigo de lo ajeno; como tampoco se detendrá la churria sin en vez de llamarle diarrea nos decantamos por una expresión más exótica como problemas gastrointestinales agudos.

Por eso en grandes concentraciones humanas como los eventos deportivos tales como el fútbol, o cuando una persona está desencajada, es cuando realmente nos damos cuenta de su verdadera personalidad porque sus reacciones son espontáneas y menos apegadas a lo políticamente correcto.

Y no es que esté mal que seamos mesurados en nuestro decir y proceder; al contrario, manejarse de esa manera puede ser la diferencia entre vivir en paz o estar en medio de los problemas.

A pesar de ello, nos queda un sabor agridulce cuando nos damos cuenta de que igual nos duele saber que un ser querido es paciente y no enfermo; que se interrumpe la institucionalidad en vez de dar un golpe de Estado y tenemos claro de que no hay diferencia entre mentir y faltar a la verdad.

Todo suena mejor, pero el dolor no cambia porque al doliente le da mismo que a las muertes civiles alguien las quiera llamar daños colaterales, por el mero hecho de decir lo políticamente correcto.


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850033
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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