
Perfil
- Nombre: Elena Poniatowska
- Origen: París, 1932. Hija de padre polaco y madre mexicana.
- Profesión: Periodista y escritora
- Obras: Es autora de más de 40 libros (ensayos, novelas, cuentos y testimonios traducidos a más de 20 idiomas), entre los que destaca ‘La piel del cielo', ‘El tren pasa primero’, ‘Leonora’ y ‘La Noche de Tlatelolco’, entre otros.
- Premios: Alfaguara de novela 2001, Rómulo Gallegos 2006 y "Leonora" Biblioteca Breve 2011.
Aunque el Premio Cervantes apunta más hacia la producción literaria de quienes de un lado y otro del Atlántico usan el español como puente, esta vez el galardón le llegó a una mujer que, como muchos, comparte literatura y periodismo.
Elena Poniatowska aprovechó el haber sido distinguida con el Cervantes para ponerle una suerte de apostilla al galardón cuando habló del orgullo que siente por ser obrera de este oficio por el cual muchas veces ha sido “criticada, vilipendiada''.

De esa manera, solo puede hablar una persona que -según el fallo- ha tenido una dedicación "ejemplar" al periodismo y un "firme compromiso con la historia contemporánea".
Poniatowska, quien dijo que el Cervantes la sorprendió como quien saca un conejo de un sombrero, señaló: "Es un premio para ustedes, para los periodistas, porque yo siempre estoy de este lado de la barrera (del de la prensa)", y de ese trabajo ha aprendido el valor de "la modestia" porque ejerciendo "te va de la patada la mayor parte del tiempo y, aquí (en México) te matan, además".

El Cervantes también es un reconocimiento a su sensibilidad.
Instó a quienes mandan en su querido México, "donde se lee poco", a "hacer un gran esfuerzo en la educación, la de los jóvenes".
"Yo, si fuera presidente, que no lo soy, pondría todo el presupuesto en las escuelas, en la educación, porque con la educación también viene la salud" y una vida mejor, apuntó.
La galardonada le debe mucho al periodismo, su oficio durante décadas y, además, una vía inmejorable para conocer la realidad de México, el país en el que vive desde 1942 y en el que consiguió la nacionalidad en 1969.
El periodismo es también para ella "una perenne lección de humildad" y un oficio al que se ha visto inevitablemente abocada viviendo en Latinoamérica, "donde uno no puede quedarse en casa a escribir, la realidad es demasiado avasalladora, supera cualquier ficción", afirmaba la ganadora del Cervantes cuando ganó el Premio Rómulo Gallegos en 2007.
Sin embargo, Poniatowska admite que la ficción es un terreno que la cautiva y donde hoy se siente muy a gusto también.
"Igual que dijo García Márquez: Yo escribo para que me quieran. De eso hace mucho tiempo. Yo creo que escribo porque es mi manera de estar sobre la tierra, de justificar mi presencia", dijo tras conocer que ganó el premio.
Desde aquel primer libro, “Lilus Kikusi”, hasta ahora, ha tenido un recorrido por la literatura y el periodismo que la ha dejado satisfecha.
Poniatowska confiesa que siempre ha sido "una mujer insegura, llena de preguntas, que no tiene respuestas". Escribir también ha sido para ella "una forma de participación" en los asuntos públicos de su país.
Le preocupa por encima de otras cosas el destino de los jóvenes sin trabajo y sin oportunidades claras de abrirse camino, en países como México y España.
"He tratado con los libros y con el periodismo en que se llegue a un México donde los jóvenes tengan oportunidades. A mí me preocupa muchísimo que se vayan a perder generaciones de jóvenes", apuntó.
Esta mujer octogenaria, hija de un príncipe polaco que jamás reinó, atesora una obra narrativa muy rica, con libros como "Tinísima" (1992), "La piel del cielo" (2001), que le valió el Alfaguara de novela; "El tren pasa primero" (2007) y "Leonora", dedicada a la pintora británica afincada en México Leonora Carrington (1917-2011).
Este año volvió a ratificarse la regla no escrita de que el Cervantes se otorga de manera intercalada a un español y a un americano.
Poniatowska, que es apenas la cuarta mujer que logra el premio, se impuso a otros candidatos que parecían tener más posibilidades este año, entre ellos el nicaragüense Sergio Ramírez y el mexicano Fernando del Paso.
A juicio del jurado, sus obras son emblemáticas y describen el siglo XX desde una proyección internacional e integradora. Poniatowska constituye, según el jurado, "una de las voces más poderosas de la literatura en español en estos días".
Futuro
El Premio Cervantes, considerado el Nobel español y creado en 1975 por el Ministerio de Cultura, está dotado de 125,000 euros (168,775 dólares) y reconoce la figura de un escritor que con el conjunto de su obra haya contribuido a enriquecer el legado literario hispano.
Poniatowska dijo que dedicará el Premio Cervantes de literatura a México, un país que le preocupa y al que tiene pensado dejar su legado a través de una fundación.
"Se lo dedicaría primero que nada a mi país, a México", así de rotunda fue la escritora cuando le preguntaron a quién dedicará el máximo galardón de las letras en español cuando lo recoja en abril del próximo año.
La escritora y periodista explicó que le gustaría hacer algo por su país y que lleva ya años pensando en hacer una fundación.
Contó que ya dos universidades estadounidenses, Stanford y Princeton, quisieron llevarse todo lo que tiene, entre otras cosas cartas con Carlos Monsiváis, Octavio Paz y Rosario Castellanos, pero ella se negó.
"Todo me lo querían comprar, y los gringos te pagan muy bien; pero de repente mi hijo Felipe dijo que era una vergüenza que todo se fuera de México", afirmó, por lo que decidió que su fundación tenía que quedarse en su país.
Y es que para Elena Poniatowska, México es una de sus principales preocupaciones: la devastación causada por los recientes huracanes Ingrid y Manuel, los maestros que rechazan la reforma educativa, las iniciativas petrolera y fiscal, pero sobre todo la gente que se va a la cama sin casi haber comido.
A nadie sorprende su decisión porque es perfectamente compatible con el reconocimiento que tiene desde hace años como la defensora de los más desfavorecidos.