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Ponme una ‘perdida’

Ahora la modalidad es que a cuanto espectáculo, acto o acontecimiento concurramos, debe ser fotografiado, conversado, descrito o comunicado a través del aparatito. En el cine, a pesar de las quejas, lo que sucede en la pantalla puede ser tema de interminables diálogos.


El telón del teatro se descorrió y dejó ver un proscenio lleno de vasos transparentes que formaban parte del espectáculo artístico. La bailarina habría de moverse entre estos elementos de vidrio, a veces con paso rítmico o deslizándose como pantera. Antes de iniciar, la voz entre bambalinas pidió apagar toda forma de comunicación electrónica y abstenerse de tomar fotos, pues un destello podría obnubilar a la artista y conducirla a un accidentado final.

El público en el Teatro Nacional hizo caso omiso a las advertencias. Algunos llamaron o recibieron llamadas en el celular y contaban en la conversación lo que pasaba en el escenario. Otros utilizaban sus cámaras digitales y unidades celulares para fotografiar a la danzarina que movía con sensualidad su cuerpo entre la alfombra de vasos. Había también aquellos que al no interesarle la propuesta artística ni lo que sucedía adelante, digitaban las minúsculas teclas para jugar con lo que le ofrecía la pantalla del aparato.

Sí, hemos agregado un artículo más a nuestra cotidianidad. Llegó el celular y sus variantes tecnológicas para ocupar bolsillos, insertarse en la correa, colgarse del cuello o esconderse en lo más recóndito de una cartera femenina y atormentar a los demás cuando se debe descargar los bolsos para buscar el aparatito que origina con timbrazos o tonos rítmicos ??"ringtones, como dicen los promotores de venta- la inquietud de la dueña e impaciencia de quienes estoicamente se lo aguantan.

 

Hace veinte años, cuando no existía el celular y solo lo soñábamos al contemplar las historietas de Dick Tracy y su teléfono-reloj, era difícil imaginar que no podríamos vivir sin esta forma ambulante de comunicación. Pero hoy cuando creíamos que el celular vendría solo a resolver problemas, también trae consigo razones para perturbar la pacífica convivencia de los humanos.

Resulta que este implemento fue concebido para quitar la calidad de inmovilidad a la telefonía y por tanto, eliminar cables, conexiones para posibilitar una comunicación más libre, incluso con aditamentos que la desligaran de la manipulación; pero hay que ver cuánta razón tenía Frohm al decir que tememos a la libertad y hemos renunciado a las posibilidades que nos da esta herramienta para convertirnos en esclavos del celular.

La modalidad es ahora que a cuanto espectáculo, acto o acontecimiento concurramos, debe ser fotografiado, conversado, descrito o comunicado a través del aparatito. En el cine, a pesar de las quejas, lo que sucede en la pantalla puede ser tema de interminables diálogos.

 

El destello azuloso, verde o naranja impacta el ojo de la audiencia, que se obliga a desviar la atención de la pantalla y se escucha a través de línea el "¿Hey qué estás haciendo?" y la tranquila contestación de la persona que sin mayores escrúpulos da rienda suelta a la plática. Hay otros que cada diez minutos encienden a ver si hay llamadas perdidas.

Igual sucede con todo tipo de reuniones, asambleas y encuentros. Algunas empresas e instituciones cuentan con disposiciones para guardar la formalidad y la atención de los convocados. Ha sucedido que quien preside la discusión o encuentro, debe interrumpirlo para atender una llamada sobre detalles o necesidades culinarias en casa. Dicen que hace un tiempo, en los consejos de Gabinete se debía dejar los aparatos en una cesta antes de entrar.

Algo semejante sucede en los vehículos de transporte masivo. Se reciben llamadas que obligan al usuario o pasajero a contarle a su interlocutor lo que hace, la ubicación del autobús en ese momento, qué lleva para la casa y el tiempo que tarda en llegar. ¿Y qué sucede cuando es el conductor quien contesta una llamada? Ahora las carreras se organizan por celular. Un conductor de la ruta San Francisco-Panamá Viejo apostó con un colega, quién llegaba primero, pues el otro aún estaba atrasado. Pero su sorpresa fue grande cuando el compañero le emparejó con su cacharpa móvil justo en la Vía Porras. ¡Hey, tú si eres bárbaro…! alcanzó a gritarle sin salir de su sorpresa cuando se juntaron.

 

¿Cómo resolver estas novedosas conductas sociales? Quizás ahora los arquitectos tendrán que diseñar en estas salas y locales de reuniones, un espacio para conversar por celular justo antes de empezar el estreno de la película, la obra de teatro o el concierto y luego un espacio en el guardarropía donde uno deposite el aparato y le entreguen una especie de ficha para que al salir, reclame su unidad.

Ojalá que esto no cree un nuevo tipo de estrés que obligue a los (as) adictos (as) al celular a correr luego de terminar la función con el peligro de despanzurrarse para reclamar su pequeño objeto del deseo, apretar con excitativo afán las teclas y mirar la luminosa pantalla donde dirá quién llamó durante el par de horas que quedó desprotegido (a) de este adminículo que facilita la comunicación.


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405348
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América