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Por el Casco Viejo voy...

“Al doblar cualquier esquina, / ¡bruuum! / una ola que revienta” (Álbum de nostalgias)


Si el Casco Viejo fuera la cabeza de esta ciudad alegre, pizpireta y jacarandosa, Las Bóvedas sería la lengua con que se burla del mar que la quiere enamorar.

Entre las bellas niñas de Panama School y los radiantes muchachos, sobrinos de Juana de Arco, de La Salle, se interponía una iglesia. Menos mal, porque las miradas que se intercambiaban desde el bus al parque Bolívar, eran temblorosas promesas de besos y abrazos. Después la escuela devino en cine. Sentado en un extremo, vi la película “El lobo de mar”, con Edward G. Robinson que comandaba el barco “Ghost” que se hunde en medio de una tormenta. Las olas del Pacífico (ese día no tan pacífico) retumbaban en los cimientos del cine y alcanzaban a salpicar a los espectadores. Nadie se quejó, esas salpicaduras fueron recibidas como parte de la tormenta. Por mucho 3D de hoy, nunca una película alcanzará tales cumbres de realismo.

Y ya que mencioné fantasmas, decía Rafael Chatreaux que al caminar a las doce de la noche por Las Bóvedas, se le aparecía el vizconde de Lesseps al que desechaba de un manotazo; era reemplazado por Hamlet y su requete difunto padre el rey; éste, lamentándose inútilmente de su inmaterialidad, aquél de su locura y filosófica indecisión. Chat no les paraba bola. Al que escuchaba con atención era al fantasma de Victoriano Lorenzo que le dijo en la garita: «Así no se mata a un hombre como yo, sentado y amarrado».

 

Chat ahora pasa lista con los fantasmas. Antes que yo lo haga, pasaré por allá a mi hora favorita: las seis y media de la tarde. Me sentaré en la esquina de Los Cuatro Vientos y conversaremos de los tiempos de antaño. Como en una gran mesa redonda convocaré a los Crismatt, los Osorio, los Vives, los Ruiz. “El Cholo” traerá a todos los Panay, y Yito Orozco a los De la Rosa, los Montoto, los Rivera, los Sousa, la tía Lala. Revueltos, vivos y muertos. Invitaré a mis primos los Riba, a Japón Mudarra y al Pirata Tapia; también a Chancaca y Miguelillo; vendrán los Miró y la Polaca. Quizá, hasta veremos al pobre “Bachiche” fajándose a puñetazos con las nubes y, con suerte, lograremos que “El Negro” Reyes toque una pieza al violín, Rompelimpón nos eche un cuento, Iván haga una réplica de su monje enano y Humberto M. silbe algo de Celia Cruz.


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577088
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América