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Pordioseros

Usamos al innombrable para todo propósito, como si fuera un comodín, una llave para abrir cualquier puerta.


Los panameños somos un hatajo de pordioseros. Por dios para todo uso. Usamos al innombrable para todo propósito, como si fuera un comodín, una llave para abrir cualquier puerta. Le invocamos hasta cuando nos toca hacer alguna canallada. Por ejemplo, la víctima de un asalto ruega por no ser asaltado y el perpetrador por su parte también hace cita con el Señor. Es ya recurrente el recurso de algunos candidatos cuando tratan de considerarlo parte de su séquito. Se llenan la boca con la que abjuran, con la expresión Mi Dios, como si fuera un pasiero más.

Los limosneros de antaño solían ser ciegos tullidos o contar con alguna discapacidad de a de veras y usaban el estribillo: por el amor de ALÁ. Mi madre sabia siempre me explicaba quién era el tal señor, Alá, no el pordiosero, y yo continuaba en paz con la nobleza de compartir algunas monedas con aquel ser humano vulnerado por la adversidad. Recuerdo que uno que otro hasta se destacaba tocando algún instrumento musical. Paradójicamente eran de admirar. Hoy el Señor sigue en vigencia en el oficio de los pedigüeños. Aquel que pretende algo lo usa como punta de lanza. Los más dedicados son los mentirosos y los hipócritas. Lo usan los que saben que no van a cumplir. Es común el “si Dios quiere” multiuso. Si se te pide algo lo usarás; si pides algo también lo usarás, a sabiendas, con premeditación, alevosía y macalusia...

Se usa el “Dios primero” cuando la causa la sabemos perdida. No es cierto que lo usamos por fe, porque creamos que nos cubre el abrigo del Altísimo. Dios quiso que fuera así, se usa cuando por descuidados dejamos de realizar alguna tarea, ante lo inevitable, el ya pasó es un carné de impunidad del que se valen los transgresores.

La sorpresa producida por un golpe inesperado, un de repente abrupto, produce un DIOS MÍO, así con mayúscula. Después el “sorpresado” despotricará contra aquello que le ha robado la calma.

Ejercemos diariamente un protagónico que cruza carácter entre Iscariote y Nazareno. Para nosotros pretendemos ser tratados con la nobleza con la que lo haría el chiquillo de Belén, pero cuando nos piden nuestras alas, favor, tiempo, vamos con los ropajes de Judas. Nuestra conducta a diario, para tomar decisiones o para hacer nada la supeditamos a esa moral sin moral, a ese doble ánimo, como dicen los evangélicos. El señor es bueno y es para siempre su misericordia, debíamos tratar de ser como esta máxima: dar, dar siempre... porque el Señor siempre quiere que nos ocurran las cosas que son su voluntad.


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924694
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América