Los últimos jugadores que restan de la llamada "Generación de Oro" del fútbol portugués caminaban con pesadez en torno a la cancha en una triste despedida a sus aficionados tras desperdiciar el momento de gloria que por su talento seguramente merecían.
Tras la derrota de 1-0 ante Grecia en la final de la Eurocopa, los aficionados portugueses apenas podían consolarse, sin embargo, con el surgimiento de una nueva generación de talentosos jugadores, personificados en Cristiano Ronaldo, y bendecidos con el potencial de brillar incluso más.
Luis Figo, de 31 años, y Rui Costa, de 32, jugaron juntos en la selección portuguesa que defendió con éxito el campeonato del mundo juvenil de la FIFA en el viejo Estadio de la Luz en 1991, mientras que Fernando Couto lo había ganado dos años antes.
De nuevo en Lisboa, en el nuevo estadio de la Luz trece años después, Figo y Rui Costa, quien ingresó al campo en el segundo tiempo de la final del domingo, descubrieron que no podía funcionar la misma magia y una Grecia disciplinada consiguió un ajustado triunfo, mientras Couto miraba desde el banquillo.
Rui Costa ha anunciado ya su decisión de abandonar el fútbol internacional, mientras que Couto, de 34, y Figo, de 31, seguirán sus pasos probablemente antes del próximo Mundial de 2006.
"Esta será su última oportunidad de ganar algo a este nivel y estamos todos ansiosos de que lo hagan", había dicho el delantero Nuno Gomes antes de la final. "Están tan acostumbrados a ganar cosas con sus clubes y nadie se lo merecería más", añadió.
Al final, no pudo ser, y la generación de oro se queda mirando atrás con tanto talento en sus botas, tras las marchas anticipadas en cuartos de final, semifinales y final en sucesivas ocasiones y la deprimente campaña del Mundial 2002.