En el fútbol no hay que buscar culpables por las derrotas, porque están en todas partes. Si queremos encontrar culpables podríamos culpar a: los jugadores, al entrenador, al preparador físico, al presidente de la Fepafut, la afición, al masajista, al doctor, a los periodistas o a quien usted quiera culpar. En el fútbol no se solucionan los fracasos o las derrotas buscando culpables, la única forma de solucionarlos es cuando reconocemos que hemos fallado, y volvemos a la fuente del éxito, la cual es: trabajo y, sobre todo, la planificación. La derrota de la Sub-20 frente a los salvadoreños nos deja una gran lección, y esa es: que ganan los que quieren y no necesariamente los mejores. Ganan los que aman la camiseta, los que sienten orgullo por el país, los que valoran los colores patrios, los que no son asalariados solamente, sino que son hombres al servicio de la causa de su nación. Nuestros jóvenes lo intentaron, ellos quisieron clasificar, pero sin temor a equivocarme, creo que nos hizo falta pasión en el liderazgo, y me refiero a esa pasión que se siente por ser panameño.
El fútbol nacional está dolido por causa de esa eliminación, ya que muchos nos ilusionamos con ver nuestra bandera ondear en Turquía, con escuchar las gloriosas notas de nuestro Himno Nacional, pero eso no podrá ser, los salvadoreños nos lo impidieron. Cuando repasamos las participaciones de selecciones sub-20 en mundiales, nos damos cuenta de algo muy peculiar y eso es que fueron entrenadores nacionales los que lograron esa hazaña, pero por otro lado ningún entrenador extranjero lo ha podido lograr. ¿A qué se debe eso? Desde mi limitada perspectiva, considero que “nadie conoce lo que está dentro de la olla, sino el que la revuelve”. Nadie mejor que los entrenadores nacionales para conocer lo que sucede en nuestro fútbol, sus deficiencias, sus virtudes, sus debilidades y sus fortalezas. Después de haber asistido a cuatro mundiales sub-20, hemos creído que será fácil ir al quinto, y caer eliminados frente a los salvadoreños nos tiene que llevar a meditar profundamente en que: para nada será fácil clasificar a un quinto mundial. Necesitamos urgentemente capacitar a entrenadores nacionales, aquellos que serán los encargados de dirigir nuestras selecciones juveniles; ya que sale más barato y produce mayor éxito a largo plazo enviar entrenadores al extranjero a capacitarse, que traer entrenadores que se encarguen de algo que no conocen y no tienen idea cómo manejarlo. En nuestro país hay material humano con gran proyección para desarrollar, y sin duda alguna, si llegáramos a desarrollarlos seríamos una potencia en selecciones juveniles y por ende nuestro fútbol tendría un futuro asegurado. Sufrimos viendo a los chicos tendidos en el campo, por no haber alcanzado el objetivo, luego de la derrota contra El Salvador. Caerse fue permitido, pero quedarse en el piso buscando culpables, y peleando entre nosotros mismos, no puede de ninguna manera ser aceptado. Hemos fracasado con esta generación sub-20, pero no nos hemos quedado sin fuerzas para seguir trabajando y continuar con nuestra postura de crear una cultura futbolística en nuestra nación. Hemos cometido tres veces el mismo error y no es necesario cometer un cuarto.
[B]“Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre: Mas el hombre entendido lo alcanzará”. Proverbios 20: [/B]