El socialdemócrata Hipólito Mejía, un campechano ingeniero agrónomo, consiguió ganar la presidencia de República Dominicana con la promesa de poner un "rostro humano" al crecimiento económico de este país caribeño.
Mejía se proclamó presidente electo poco después de terminada la votación del martes, y ayer sus dos principales rivales le habían concedido el triunfo cuando estaba a punto de terminar el escrutinio.
"No voy a ser una frustración para esta sociedad", aseguró el líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), con su habitual desparpajo en declaraciones tras la victoria.
Las encuestas habían vaticinado que Mejía iría a una segunda vuelta con alguno de los otros de principales candidatos, el oficialista Danilo Medina o el nonagenario ex mandatario Joaquín Balaguer.
Criticado por unos por su irreverencia y escasos dotes de estadista, pero admirado y proclamado por otros por su estilo llano y sin tapujos, Mejía ha criticado la política económica del saliente presidente Leonel Fernández, que ha asegurado un crecimiento por encima del siete por ciento anual.
Estos ataques a la cruzada modernizadora de Fernández encontraron eco en una población que aún no palpa en su vida diaria los éxitos macroeconómicos que han convertido al país en la economía más exitosa de la región, según el Banco Mundial.
Frente a quienes lo acusan de falta de ofertas concretas y de carecer de visión de Estado, sus seguidores lo definen como un hombre pragmático y de actuaciones rectas.
Tras haber desarrollado toda su vida política dentro del PRD, en 1998 le tocó la nada fácil tarea de sustituir al frente del partido al carismático líder José Francisco Peña Gómez, quien murió sin haber logrado llegar a la presidencia.