Estoy harto de saquear mi memoria y alimentarme del pasado Roth
Si alisamos la palabra novelería podríamos encontrar que de las arrugas salen significados diferentes. Los muchachos de mi edad entenderían novelería solamente como un rosado afán de estar al día en todo: ¿Has visto el nuevo peinado de Lady Gaga? ¿Sabes cuánto cuesta un viaje a Disney? Y así un montón de cosas que llaman la atención algunos días o unas cuantas horas. Nunca algo realmente trascendental. Muchas de las veces ese interés es hasta fingido para estar alineados con lo que aprueba o desaprueba la manada. Llamamos noveleros a los atrapados por la novelería. Difícil pasar por la vida y no haber caído alguna vez en esa red inocua y fugaz de la novelería.
Ahora que en el Festival Ñ me invitaron a hablar sobre novelas, se me antoja que novelería debería tener una acepción más digna que estar al día con la chismografía; aunque, a veces, eso sea lo más sabroso de la novela. Debería haber ligaduras que amarren la novelería con la novela. ¿Qué tal lugar donde venden novelas? Como panaderia, lugar donde se vende pan. Entonces, noveleros podríamos ser los lectores de novelas; pero no, novelero tendría que ser algo más, un verdadero fanático de las novelas. Un Pepe Muñoz, Richard Brooks, Neco Endara, José Díaz, Javier Riba o parejas como Cirilo y María Rosa.
En novelero no entra el escritor de novelas, esos ya están definidos como novelistas. Ah, novelista, ¿qué es un novelista? El hacedor de una nova lista (si es entretenida, of course), en ellos sí que se pueden unir las dos acepciones: lo novedoso y lo escrito. El novelista, que en principio fue un novelero empedernido, se convierte en un escritor de novelas, aunque hay algunos que equivocadamente, inexplicablemente, tristemente, nunca fueron lectores empedernidos. ¿Cómo lograron ser novelistas? Novelería.
Cuando apenas había escrito una obra de teatro y dos cuentos, le pregunté a Joaquín Beleño, mi novelista panameño favorito: ¿Cómo se escribe una novela? Pregunta tan fácil de contestar como la que le hicieron una vez a Rosa María y al doctor Godoy: ¿Cómo se extirpa un cáncer? Joaquín, que no se dejaba amilanar por una pregunta estúpida, me contestó: «Lee de nuevo el Quijote (estoy seguro que ya lo leíste, ¿no?). Allí encontrarás cuarenta y siete fórmulas infalibles para escribir una buena novela.