Ahora sí que el dolor de cabeza de Panamá ha aumentado con la salida de Manuel Acosta.
Panamá ha perdido una de las piezas claves en el ya débil cuerpo de lanzadores con miras al II Clásico Mundial.
Jamás he vendido falsas esperanzas y por eso no lo haré ahora, cuando veo que nuestro equipo tiene toda la garra y coraje, pero con un cuerpo de serpentinas débil y sin experiencia.
Sólo un milagro nos podría dar la clasificación a la segunda ronda del Clásico.