Cada vez que estamos frente a algún problema irresuelto, caemos en el añejo dilema sobre qué fue primero: el huevo o la gallina. Nosotros creemos que fue la gallina; por lo menos así lo indica la concepción religiosa sobre la creación del mundo.
Traemos a colación lo anterior, luego de escuchar en repetidas ocasiones de boca de los directivos de la empresa operadora del hipódromo y de sus representantes locales, que la tabla de salvación de la hípica panameña será la presentación de un buen programa de televisión que cubra todo el país y la distribución de agencias de apuestas en cada rincón de la geografía nacional.
Jim Wilson, quien es la única voz autorizada, y por ende, con poder de decisión de la empresa, ha convencido a quienes lo representan en nuestro medio de que hay que centrar su atención en esos dos aspectos principalmente, sin advertir que el problema de la hípica es más de fondo que de forma.
Wilson, y quienes le hacen eco, no quieren entender que de nada vale que los vean en vivo y a todo color en todo el país si el producto que venden no es atractivo. De nada sirven 300 agencias si no hay gente ni dinero para apostar y si las carreras, competitivamente hablando, no valen más de dos reales.
Como dijimos al inicio, primero fue la gallina; en este caso los caballos. Para qué tener un canal de televisión a nivel nacional, si no tenemos nada bueno que ofrecer a la audiencia. ¿Dónde están los huevos de oro?.
Reconocemos que han habido algunas iniciativas serias y concretas para promover el espectáculo, e incluso, somos partícipes directos de una de ellas, pero creemos que todavía no le han puesto el cascabel el gato.
La actual empresa operadora del track no pasa de ser cosmética, protocolar, pero carente de una estrategia agresiva que nos ofrezca indicadores claros sobre hacia dónde vamos y más o menos cuándo llegaremos.
Si siguen por ese camino, perderán la fe pública de la cual gozaron durante el primer año de su gestión frente a la institución.
No quisiéramos que Equus sea el reflejo de aquel refrán popular que sabiamente observa que: "Toda escoba nueva barre bien".
Ahora que ya la hemos usado bastante, esta escoba no está barriendo lo esperado y la casa se está ensuciando al igual que estaba antes. Que lástima...!