Aquel día en la Ciudad Deportiva de Clayton, Ramón Calderón, Presidente del Real Madrid, se topó con nuestro personaje, Raúl Pérez y de dijo: ¡ah! pero si se llama igual que nuestro Raúl.
Al instante lo invitó a Madrid, para que conociera a su homólogo. Nuestro Raulito sin ningún temor dijo: ¿y mis hermanitos?
Calderón, todo un caballero, le dijo a su asistente: invítalo con su familia para que vengan al Bernabéu.
Y allá estás Raulito, grande de corazón, buen dominador de la pelota, sin importar tu capacidad diferente, término correcto.
No le digan discapacitado. No lo es, su corazón es inmenso y allí no hay límites de ningún tipo. Así es.