Con máscaras de "anonymus", como cobardes, institutores amenazando a periodistas, aterrorizando a los compañeros, paralizando la característica central de lo que fue el Instituto Nacional: un lugar para abrazar el conocimiento. Será que estos muchachos sufren el "síndrome institutor", que al matricularte te convierte en tira piedra y mal alumno. Tal síndrome no existe.
Estos muchachos no son "anonymous, son "estúpidus". Las luchas institutoras se basaron siempre en el reconocimiento del momento histórico. Si se fijan en las protestas de verdad, no verán a nadie con máscaras ni suéteres cubriéndose la identidad. Van a cara descubierta, dispuestos a pagar las severas consecuencias de su acción. Estos ¿estudiantes? tienen la mente llena de películas malas, canciones con letras absurdas y violentas y expectativas nulas: lejos de los libros. Poca cultura, mucha fiesta. Los adultos no hemos sabido aplicar la sabiduría del Eclesiastés: "Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano". Todo tiene su tiempo, pero aquí todo el tiempo es fiesta y relajo.

Luego lo del video en formato terrorista, enmascarados otra vez, con luces que se prenden y apagan, amenazando incluso al Presidente de la República. No han vivido en un país con una verdadera amenaza terrorista. No saben que todo lo que consigan con violencia tendrán que mantenerlo con violencia, que no habrá paz para nadie, que la vida así no tiene sentido. Ya quisiera verlos delante de un "Dóberman" de la época de la dictadura o caminando por una ciudad en la cual podía estallarte una bomba en cualquier parte. Son un grupo de ignorantes a los que sus padres no pueden dominar desde hace tiempo.
Los propios alumnos han dejado caer de sus manos una gloria y una tradición que les tocaba defender. Han permitido que la sociedad ponga en tela de juicio una vez más sus legítimas demandas. Han empuñado las máscaras para esconder la cara en vez de darla, han permitido que lo más vil se les colara en el nido. Se han deslegitimado por las formas y una vez que te echas encima la fama, puedes dar por perdida cualquier causa ¿O piensan apedrearnos a todos?
Las grandes gestas patrióticas han de ser sostenidas con el ejemplo, somos garantes, nosotros, los ahora adultos, de los sacrificios de ayer: hemos de caminar en el espíritu de nuestros héroes. Aquí no cabe, por el lado de los institutores, blandir frente a la opinión pública un pasado dorado que ya no les pertenece por su mala gestión de las circunstancias. Nadie vive del pasado si el pasado no permea el presente.
El cierre no es una solución, sería un parche. Da igual lo que se intentara antes, deben hacerlo mejor, ser becketianos en esto: fracasa otra vez, fracasa mejor. Aquí son los adultos los que están en las instituciones y no es posible que no tengamos más ideas, que no seamos más proactivos en la solución de este conflicto que, ojo, no es solo del Instituto Nacional, es una enfermedad que está minando poco a poco la moral del estudiantado.
Los padres tienen mucha responsabilidad en este asunto. La educación comienza en casa, los hijos se crían allí. Si usted reconoce en las imágenes de institutores enmascarados a uno de sus hijos, tírele de las orejas y déjese de excusas, de que son grandes, que casi tienen la mayoría de edad: tolerancia cero con las malas formas, abajo la grosería en nuestras casas y fuera la violencia de las aulas. Si el estadono va a permitir a nuestros hijos estudiar en una escuela de calidad, por lo menos que desde nuestros hogares comuniquemos valores a nuestros muchachos. Esa es nuestra responsabilidad como padres, no renunciemos a ella.