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¿Qué hicieron con mis tildes?


Desde que comenzó julio hemos venido hablando del tema de las tildes que desaparecieron con las nuevas normas ortográficas dictadas por la Real Academia Española en 2010, que –a pesar de lo que indica su nombre– no adopta sus decisiones sola, sino en acuerdo con todas las academias de la lengua de cada uno de los países hispanohablantes.

Estas entidades están amalgamadas en la reconocida como “Asociación de Academias de la Lengua Española”, que la integran las veintidós Academias de la Lengua Española del mundo, a saber, ordenadas según el año en que fueron fundadas: la Real Academia Española (1713), la Academia Colombiana de la Lengua (1871), la Academia Ecuatoriana de la Lengua (1874), la Academia Mexicana de la Lengua (1875), la Academia Salvadoreña de la Lengua (1876), la Academia Venezolana de la Lengua (1883), la Academia Chilena de la Lengua (1885), la Academia Peruana de la Lengua (1887), la Academia Guatemalteca de la Lengua (1887).

Siguiendo ese mismo orden, y considerando las academias instauradas a partir del siglo XX, se cuenta con la Academia Costarricense de la Lengua (1923), la Academia Filipina de la Lengua Española (1924), la Academia Panameña de la Lengua (1926, presidida hoy por la profesora Berna de Burrel), la Academia Cubana de la Lengua (1926), la Academia Paraguaya de la Lengua Española (1927), la Academia Boliviana de la Lengua (1927), la Academia Dominicana de la Lengua (1927), la Academia Nicaragüense de la Lengua (1928), la Academia Argentina de Letras (1931), la Academia Nacional de Letras de Uruguay (1943), la Academia Hondureña de la Lengua (1948), la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española (1955) y la Academia Norteamericana de la Lengua Española (1973).

 

A partir de los análisis y de las decisiones de esta organización colectiva, se adoptaron normas que, en varios casos, eliminaron las tildes que aprendimos a usar en determinados ocasiones, para distinguir o precisar el significado de una palabra.

En columnas anteriores vimos que se eliminó la tilde en la conjunción adversativa “o” cuando va entre cifras, así como en la palabra “solo”, ya sea que se use como adverbio o como adjetivo, al igual que en los demostrativos “este”, “ese” y “aquel”, con sus femeninos y plurales, aunque se usen como pronombres (que es el caso en que antes se tildaban).

También se han quedado sin techo, digo, sin tilde, un número importante de palabra a las que solíamos tildar, entre ellas formas verbales en pretérito como crie, crio (de criar), fie, fio (del verbo casi en desuso “fiar”); flui (de fluir); frio (de freír); guie, guio (de guiar); hui (de huir); rio (de reír). Y a esto se suman sustantivos como guion, ion y truhan; y nombres propios como Ruan y Sion, los que antes aparecían escritos con su acento ortográfico y ya no.

 

Sucede que, como en otras cosas, ahora que no hay que ponerlas es que muchos usuarios de la lengua las echan de menos, y suelen insistir en su uso. Lo cierto es que la tendencia de la lengua, aunque a veces se piense lo contrario, es a simplificar sus normas y su escritura, y de ahí que es muy probable que esta tendencia se mantenga y se amplíe en el futuro, bajo argumentos pertinentes.

Total, los caminos del idioma siempre, siempre, han significado cambios; esta es una condición permanente que asegura su utilidad y su eficiencia, al mantenerla a tono con los tiempos y sus necesidades. En la siguiente entrega continuaremos hablando sobre este mismo tema de las tildes desaparecidas.


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706546
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América