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¿Qué tal un chocolate?

"... algo como un violín me está goteando adentro”. Euler Granda


A yer, tras una excesiva ingesta de chocolate, empecé a escribir mi columna. Hoy, martes, trato de terminarla. Lo que amaneció conmigo no es goma (guayabo, ratón, cruda, etc.) ni nada parecido a lo que provocaban las parrandas de aquellos gloriosos viernes de farra de antaño. Esto es otra cosa. Hipotiposis marinera, cerebro de algodón, temblor de palabras en el íncipit. Culpo a la invasión del chocolate. A mi poca resistencia a dejar de comer algo que me complace con sus poderes sensuales. Me fui de boca y de mente y a hora escribo puro chocolate. ¡Alarma!, al abrir el archivo, me entra por los ojos un alud de pensamientos, desaforadas pulgas de vocales, collage de consonantes, enjambre de letras como impúdicas avispas. Sáfica discusión de papagayos en celo. Palabras distróficas de un mandamás venezolano, inspiradas en un caleidoscópico discurso de Hyde Park. Palabras guturales, quebradizas; palabras de todos los sabores: ácidas, dulces, picantes; palabras ofensivas, dicharacheras; palabras en do mayor, en sordina, en estridente fortissimo; palabras tontas, pesadas, romanticonas, esdrújulas; tretas mayéuticas, elipsis fracasadas, sofismas incoloros; palabras que en bandada se escabullen del monitor. Tarrantan, buco de palabras. Y búsquele usted un sentido. Nada.

Pasado el primer escalofrío, superado el desaliento, pienso que algo podría sacar de tal desbarajuste de ideas desbocadas. Quisiera lograr lo que pregona Arthur Gordon: "que esos minúsculos signos, esas incontables combinaciones de letras que llamamos palabras logren el milagro de pasar del nervio óptico, casi a la velocidad de la luz, y llegar hasta el cerebro, para descodificarse de manera instantánea y convertirse en imágenes, conceptos, significados."

A ojos de mal cubero calculo que escribí demasiadas palabras (mi columna no debe pasar de cuatrocientas), y es poca mi disposición a reducirlas. Palabras derretidas en chocolate. No acaté la advertencia de los Siete Sabios de Grecia (Tales de Mileto, Pítaco de Mitelene, Blas de Priene, Cleóbulo de Lindus, Quilón de Esparta -no todos los espartanos eran gorilas- y Misón): Ne quid nimis (Nada en exceso), lema del frontispicio del Partenón, frase que consideraron el summun de la sabiduría. Ahora pago el pato.

 

Espera, ya tengo la columna.

¿Qué tal un chocolatín?


fecha edicion
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375918
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América