“La belleza existe, y necesita la palabra que la nombra” A. Castillo
Navegábamos a La Palma, Darién cuando vi un lucero sobre el ancla.
Saqué medio cuerpo por la borda y agucé la vista. Una concha pegada en la uña del ancla reflejaba la primera pincelada del sol. ¡Un lucero! Zumbé el cigarrilo al agua en una espiral de cocuyo herido. Regresé al camarote. Tal vez un sueño termine de redondear este intento de balada.
15:56 horas. Avistamos costa. Es Punta Patiño. El capitán dijo que recalaríamos a las cuatro de la tarde. Que lo despierten.
A las 17:00 horas pasamos entre “Barry Rock” y el islote Corasal. A las 17:45 atracamos al costado de un mercante con bandera finlandesa.
Después de una cena liviana subo al puente.
Esta hora es hermosa en cualquier sitio del mundo, pero aquí... es el colmo. El cielo, la tierra firme, el mar, los islotes, el barco vecino y hasta nuestro remolcador, se emperifollan como para asistir al Juicio Final. ¡Todo el baúl y el joyero encima! Demasiado bello. Hasta podría doler si estás solo, por eso voy a buscar compañía.
En el puente, Chucho está absorto. Me paro a su lado. Ahora somos dos hechizados.
Bendito sea quienquiera que sea que produce tanta belleza! Este sitio, Boca Chica, frente a La Palma, es un acierto de la naturaleza. El color de sus aguas es... ¿cómo decirlo? ¡Una sorpresa! Ni voy a intentar describirlo. Es una postal en vivo. Los islotes son alfiles y torres de una olvidada partida de ajedrez dispersados en el tablero calmo y añil de la ensenada. El pueblo de La Palma, tatuado en el pecho verde de la montaña, nos manda un saludo con el blanco pañuelo de su iglesia. El cielo se ha nublado, pero no pierde ni un gramo de hermosura. Lisura de lago, seda azul líquida. La vegetación, al reflejarse en las aguas, produce sombras densas, profundas, con aires de inmortalidad.
“¡Gracias, circunstancias de mi vida, por colocarme aquí, en este momento en que aún puedo despilfarrar sensibilidad!”
Conste que no he tomado ni un trago.
—¡Oñoooó! ¡Pedazo de paisaje, mijo! –dice el capitán– Esto es lo más lindo que he visto en mi vida después de la Gruta de la Virgen del Valle en Porlamar! ¿Qué tal un trago para celebrar?