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¡Qué tiempos aquellos!


....cómo a nuestro parecer cualquiera tiempo pasado fue mejor. Jorge Manrique.

—Todos los actos de la convención han quedado bien bonitos. En el bufé había de todo y el baile… espectacular. La orquesta tocaba de maravilla. No nos podemos quejar.

—Nada que ver con la que hicieron los del 64 el año pasado. Me contaron que ni orador de fondo tenían. La verdad es que como la nuestra ninguna.

 

—¡Ay, ssssí! ¿Y has visto la cantidad de gente que ha venido de los Estados Unidos? Casi la mitad de los que se graduaron con nosotros, yo no los había vuelto a ver desde entonces. Las mujeres sobre todo, si no me dicen sus nombres yo no las hubiera reconocido. Y casi todas vienen con muchas libras de más. ¿Te acuerdas de Viviana Turner, que era tan flaquita? Ahora está gorrrrda como una vaca.

—¿Y viste a Alfonso Williams, lo viejo que se ve con esa barba tan fea que se ha dejado?

—Sí, pero algunos de los hombres están ahora más guapos que antes. Felipe García, por ejemplo.

 

—Bueno, Felipe siempre fue guapo, lo que pasa es que con esas canas en las sienes se ha puesto más interesante.

—A mí lo que más me molestó fue la falta de respeto de los alumnos cuando estuvimos develando el busto del fundador en el patio de nuestro colegio. No se callaban. Yo casi no podía oír lo que decían los que hablaron porque los pelaos que estaban detrás de mí no paraban de reír y de gastarse bromas.

—Sí, hija. Es que ahora no hay el respeto y la disciplina que teníamos nosotros. ¿Tú crees que cuando estudiábamos nosotras el director Velarde hubiera consentido ese desorden?

 

—¡Qué va! Y no sé cómo les permiten a las pelás esas faldas tan cortas. ¡Si algunas las llevaban por encima de las rodillas!

—¿Y qué me dices de las profesoras? La directora Justina Ramos estoy segura de que no hubiera permitido que vinieran a dar clase con esos vestidos tan apretados. ¡Si a algunas se les notaba el panti!

—¿Y no viste los escotes? ¿No te fijaste cómo le rebosaban los pechos a aquella gorda del traje estampado? ¡Qué vergüenza!

 

—La verdad es que el Instituto Pedro Peláez nunca volverá a ser lo que era.

—Oye, a quien no vi en la convención fue a Guillermo Corrales.

—¿Quién es Guillermo Corrales?

—¿No te acuerdas? El que siempre contaba chistes coloraos. El que estuvo suspendido un mes porque lo encontró una profesora fumando marihuana detrás de una palmera del patio.

—¡Ah, sí! Ya recuerdo. Que cuando lo llevaron a la Dirección le dijo a Velarde que por qué lo castigaban si eso lo hacían todos.

—No. Yo creo que no era Velarde el que estaba entonces de director. Era Belisario Cáceres.

—No, mujer. Belisario Cáceres vino después. Belisario Cáceres era aquel director que se ponía a orinar en el jardín de atrás y nosotras nos asomábamos por encima del muro para verlo. ¡Qué risa!

—¡Ah, sí! ¿Y te acuerdas después de los saraos cuando nos escondíamos  a besuquearnos con los pelaos?

—¡Claro que me acuerdo! ¡Si más de una quedó barrigona como consecuencia de aquellos encuentros!

—Pero ¡eso sí! Las piponas tenían que seguir estudiando en la Nocturna, no como ahora, que las dejan estudiar con los demás alumnos como si no hubiera pasado nada. ¡Qué ejemplo les dan esas niñas a sus compañeras!

—Es que ahora no hay vergüenza. Cada día hay más escándalos en los colegios.

—Claro. ¡Si es que ahora a los pelaos se les da todo en bandeja! Con el cuento de la educación sexual, los propios profesores incitan a los alumnos a la malicia. ¡Si dicen que hasta de posturas les hablan!

—¡Jesús alabao! Yo tengo dos nietas en secundaria y todos los días rezo para que las proteja su ángel de la guarda.

—Ahora los pelaos ya no tienen la inocencia que teníamos nosotros cuando estudiábamos.

—¡Qué tiempos aquellos!


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América