Antes que comenzara el juego ante República Dominicana, Rubén Rivera, Carlos Lee y Julio Zuleta; tercero, cuarto y quinto bate en la tropa panameña, respectivamente, sumaban entre los tres 11 turnos en blanco y ocho corredores que se habían quedado esperando remolque.
Con este detalle en la mano, me pregunto la razón por la que el director de Panamá, Héctor López, no utilizó la banca para buscar más ofensiva.
La sequía entre estos tres peloteros llegó hasta ayer en el octavo episodio, cuando Lee pegó de imparable.
Al final, Rivera se despidió de la competencia sin incogible al igual que Zuleta, con 11 corredores entre los dos esperando que los impulsaran.
Esto me lleva a una conclusión: López no confiaba en su banca, en peloteros como Audes De León, quien fue el mejor bateador de Panamá en los juegos de fogueo en Estados Unidos.
Audes tuvo un turno contra Puerto Rico, pero fue ignorado ante Dominicana.
No puedo aceptar hoy que el primer bate de Panamá, Luis Durango, no haya podido anotar en seis de las oportunidades en que se embasó (fallo sólo en dos turnos).
Otro detalle es que López nunca jugó con el librito en la mano, porque jamás observé un toque de sacrificio por el segundo bate, Ángel Chávez, para colocar a Durango en posición anotadora.
Al final sólo me queda decir que somos el hazmerreír a nivel mundial.