Aunque tengamos puntos de vista muchas veces disímiles, los que dedicamos tiempo a la cultura estamos produciendo el milagro de poner el tema como parte de la discusión pública, y ese es un avance.
Meses atrás fue la renuncia de la directora del Inac, después la salvaguarda del patrimonio histórico y, en tiempos más recientes, pusimos la Feria Internacional del Libro de Panamá sobre el mapa de la realidad nacional.
Desde hace un par de semanas para acá tomaron fuerza el asunto relacionado con el desfile de Disney, que se proyecta para diciembre de este año, así como un recorte al presupuesto de funcionamiento de la Biblioteca Nacional, el cual, felizmente, fue conjurado.
El punto es que no se trata de medir fuerzas y, mucho menos, de mostrar quién tiene más músculos políticos o dotes intelectuales.
Culturosos, culturetas y farsantes hay en todas partes. Pero también hay -y seguramente son la mayoría- quienes entienden la trascendencia del tema y la manera como la educación y cultura pueden variar el rumbo de un país como el nuestro.
Entonces, de lo que se trata es de que quienes tenemos los canales para poner los temas de educación y cultura en la agenda pública, lo hagamos para que sean visibilizados y que, con el tiempo, sirvan para movilizar a la sociedad y sensibilizar a quienes puedan tomar decisiones legales y económicas que contribuyan a que estos asuntos tengan el espacio y la presencia adecuada en la sociedad.
Aunque cada uno tenga sus preferencias o su visión particular sobre cómo deben articularse los asuntos culturales, de entretenimiento o educación, hay que propiciar el debate y no la descalificación. Hacer esto último es prestarse para un juego con las reglas de quienes están haciendo todo para que perdamos, para que no se avance.
La educación y la cultura comienzan con una alta dosis de tolerancia y respeto. Prediquemos con el ejemplo.
En esencia, lo que combatimos es que no se siga atiborrando al pueblo con pan y circo. Cada actividad tiene su tiempo y espacio.
Nuestra aspiración deber ser que se produzcan iniciativas más permanentes en el tiempo y más efectivas para provecho general. El día que eso ocurra, entonces, quizás, discutamos menos y podamos dedicarnos exclusivamente a crear más.