Deportes

Quien esté libre de pecado...

…sería un error no prestar atención a las voces suspicaces que susurran que detrás de todo este movimiento pudiese estar gestándose una conspiración, pues saben que impulsar el caso CEMIS - que rauda y veloz reabrió la procuradora de la nación- afloja el asterisco a no pocos en el gobierno y en las filas arnulfistas.


que tire la primera piedra, dijo el Maestro. Y es que los "dime y diretes" de dos magistrados de la Corte, que hacen palidecer a la mejor chusmería del desaparecido solar del Mercadito Arias, ha permitido sacar a la luz el cinismo y el estado de valores en que se encuentra postrada la sociedad.
Dice el dirigente comunista Rubén Sousa, que los panameños somos episódicos y monotématicos, que actuamos de coyuntura en coyuntura, lo que impide ver el proceso en el tiempo y sus relaciones con otros fenómenos; que no somos capaces de apreciar el conjunto de los acontecimientos que fluyen e influyen en el quehacer nacional. Agrega que agotada la alharaca de la novedad, todo vuelve a la normalidad, para iniciar nuevamente otro proceso coyuntural.
Creo que este enfoque cultural sobre los istmeños viene bien a propósito de esos "dime y diretes" y del episodio inaugurado por los magistrados Hoyos y Arjona. Nadie menciona -pues, pareciera que fuera cosa de un remoto pasado- que los primeros años del milenio lo inauguramos con la muerte atroz de monseñor Altafulla, con la chinguia de Estrella Mar en las Bolsas de Valores con fondos de miles de ahorristas, que no habían autorizado a su gerente, hoy prófugo de la justicia, a jugarse sus ahorros.
Esos casos fueron seguidos por el atraco de los directivos del Banco DISA a sus cuentahabientes, los que todavía claman justicia, mientras los involucrados mantienen sus delicadas extremidades inferiores fuera de donde debieran estar; en La Joyita. Y a todas estas linduras siguieron las quiebras fraudulentas de RODELAG y de SEARS, que dejaron en serios aprietos el patrimonio y las reservas de bancos de la localidad que prestaron dinero a estas empresas, siendo sorprendidos con informes financieros falsos elaborados por -hasta ese momento- prestigiosas firmas auditoras, confirmándose que ladrón no es el que roba sino al que cogen robando.
El caso CEMIS fue la estrella del quinquenio; dejó pendiente el desarrollo de Colón y a cinco mil almas en el limbo económico, las que hubiesen sido empleadas directamente por el proyecto, certificando que la corrupción política es un atentado contra el desarrollo y el bienestar nacional. Esos hechos inhabilitan a los que hoy hipócritamente apuntan con el dedo acusador, pues todos, incluyendo a altos prelados, miembros de la empresa privada, partidos políticos, medios, periodistas, ministerio público, entre otros, o están involucrados o con sus silencios han apadrinado este estado de cosas. Por eso, tampoco extraña el cinismo y el oportunismo que se inserta en el ambiente cuando relevantes miembros del poder económico del país demandan la salida de todos los magistrados de la Corte, al mismo tiempo que aparecen implicados en un caso en el que robaron, olímpicamente, millones de dólares a un depositante extranjero.
Toda esta moralina vocinglera sobre la corrupción pareciera tener sus orígenes en las reformas fiscales. Meterle las manos en los bolsillos, especialmente en la forma como lo hizo el gobierno, a nuestra pulcra clase empresarial, fue un atrevimiento que parece no perdonarán. La ley fiscal fue una especie de resorte que los hizo despertar, descubriendo que no controlan ningún órgano del Estado, que quienes ostentan el poder político en el Ejecutivo y en la Asamblea Nacional son Juanes Pérez, y que en la Corte Suprema de Justicia no aparece ninguno de los nombres históricos de su sector social. Que además, en esta coyuntura histórica, en la que se habla de la danza de miles de millones de dólares por el posible ensanche del Canal, están fuera de jugada y no podrán repartir, como a principios de la república, ese maná entre sus más íntimos allegados.
Por eso sería un error no prestar atención a las voces suspicaces que susurran que detrás de todo este movimiento pudiese estar gestándose una conspiración, pues saben que impulsar el caso CEMIS - que rauda y veloz reabrió la procuradora de la nación- afloja el asterisco a no pocos en el gobierno y en las filas arnulfistas. Quizás, allí se encuentre la razón del imprevisto y sorpresivo viaje a Guatemala de la Doña y, quizás, también, se encuentre la razón por la que los altos prelados de la iglesia tomasen distancia del Pacto de Estado, impulsado por el presidente de la República para transformar al órgano judicial, pues gracias a los secretos de confesión saben bien lo que pasó y quienes aparecen implicados.
Qué hacer, qué respuesta podemos dar a esta crisis de valores, son preguntas que saltan. Pero la corrupción es un tema tan complejo que ni los más grandes pensadores de la humanidad han podido resolver. Me inclino a creer en lo que nos dicen que, el estado natural del hombre nunca desaparecerá en el estado creado por el contrato social. Si ello fuere así, entonces, con un nuevo Moisés, los panameños tendremos que esperar cuarenta años en la pobreza del desierto, esperando nuevamente que otra generación, reformada, llegue a la tierra prometida del progreso y la abundancia. Mientras tanto, pobre Colón, pobre Panamá.
La privatización de los puertos es una pérdida neta para los trabajadores y trabajadoras de esta parte del país, sin lugar a dudas, en ingresos y desgaste físico.
La Zona Libre es un gran campo de concentración, donde los salarios para las mayorías son de miseria, agravada la situación por la imposibilidad de organización gremial de los trabajadores.
Los niveles de organización de los humildes, por la misma lógica del empobrecimiento, ha dejado de tener líderes creíbles, por decir lo menos.
(*)El autor es abogado y radiocomentarista.


fecha edicion
old id
191426
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América