“La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia” Jefe Seatle
¿Cuánto tiempo puedes vivir sin chatear, sin televisión, sin lotería, sin pindín y sin drogas? Toda una vida. Cuánto durarías sin comer? Ghandi sobrevivió 21 días sin probar bocado. Se sabe de personas que vivieron hasta dos meses sin comida. Si te pasas, te pudres. ¿Y sin beber? Quizás tres días. Rompiendo el record, entre 8 y 10 días. ¿Y sin amor? Depende de los filamentos de tu corazón. Podrías vivir toda una vida sin amor, pero ¿se podrá llamar vida a eso? La falta de amor no te mata, pero muchas veces te empuja a la muerte.¡Pum!y se acabó tu vacío. Ahora lo que me preocupa. ¿Cuánto se puede vivir sin aire? Es decir, sin el oxígeno del aire (en Panamá, a pesar de lo concienzudamente que tratamos de exterminarlo, todavía tenemos 20% de oxígeno en el aire que nos rodea). Unos tres minutos, cuatro como milagro.Verbi gratia (como nos enseñaron en la escuela), aire es lo que más necesitamos para vivir. ¡Aire, oxígeno! ¿Y quién nos garantiza ese 20% de oxígeno? No hay otro inventor ni productor que los árboles.
En 1855, en EE.UU. el Jefe Seatle, líder de los suquamish, le responde, entre otras sabidurías, al presidente Pierce, cuando éste lo invita a aceptar mudarse a una “reservación”:
“El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire –el animal, el árbol, el hombre–, todos compartimos el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados”.
Ahora yo siento el mismo temor que el Jefe indio porque poco a poco en nuestro barrio de Las Cumbres, sentimos la presión de los proyectos de construcción que amenazan lugares “donde los árboles son antiguos conocidos que al paso nos conversan de un tiempo que pasó”.