
Neymar da Silva Santos, quien oficializó ayer su fichaje como nuevo jugador del Barcelona, es la mayor figura de la selección brasileña, un delantero desequilibrante, aunque con algunos claroscuros, y todo un imán para los patrocinadores.
El ex atacante del Santos, de 21 años, se ha ganado el reconocimiento mundial por sus regates imprevisibles, su velocidad explosiva, su descaro y su versatilidad de cara al gol.
Gracias a estas características ganó el premio Puskas de la Fifa en 2011 y fue finalista en 2012 de este galardón que reconoce el tanto más bonito del año.
Ambidiestro, Neymar ha marcado 170 anotaciones desde su debut profesional en 2009, incluyendo 21 tantos con la selección absoluta, y tiene varios trofeos en su palmarés.
Ganó la Copa Libertadores de 2011, tres campeonatos regionales de Sao Paulo seguidos (2009-2011), la Copa de Brasil de 2010 y el Campeonato Sudamericano Sub-20 con la selección.
Neymar suele jugar como extremo izquierdo o como punta, tiene mucha movilidad en las inmediaciones del área y es mortal al contraataque, cuando tiene espacio para acelerar.
Su punto más débil es su talla menuda. Delgado y con 1.74 metros de estatura, suele ser blanco fácil de los corpulentos defensores.
En Brasil le acusan de fingir demasiadas faltas en lugar de luchar por el balón hasta el último suspiro. También le reprochan que su destreza se desvanece cuando se enfrenta a rivales de peso, con defensas bien plantadas, como el propio Barcelona en la final del Mundial de Clubes de 2011.
En los círculos futbolísticos de su país consideran que los campeonatos locales y la Libertadores se le han quedado pequeños, frenan su crecimiento y ya no alimentan su ambición.
Ronaldo Nazario, quien le asesora en materia de imagen, ha repetido hasta la saciedad que Neymar ya podría competir con Messi y Cristiano Ronaldo por el Balón de Oro si hubiera dado antes el salto a Europa.
Nacido en Mogi das Cruzes (Sao Paulo) el 5 de febrero de 1992, con tan solo 12 años llamó la atención a los ojeadores del Santos, un club que desde entonces lo ha cuidado con mimo para evitar su fuga prematura a las ligas europeas, lo que se sospechaba con fuerza desde 2011.
Titular desde los 17 años, explotó como futbolista un año después, en 2010, aunque el entonces seleccionador brasileño, Dunga, no quiso contar con él para el Mundial de Sudáfrica, pese a la intensa presión de la afición y la prensa.
Su debut con la selección llegó en agosto de ese año, de la mano de Mano Menezes, con un gol incluido en la victoria por 0-2 ante Estados Unidos en Nueva Jersey, y desde entonces se ha afianzado como la figura indiscutible de la Canarinha.
En su breve carrera, Neymar ha mostrado una rápida evolución, ahora juega más en equipo y sirve muchas asistencias, sin dejar de ser la mejor referencia del ataque de su equipo.
En el Campeonato Paulista que acabó el pasado domingo fue el segundo goleador, con 12 tantos, un tercio de los que marcó su equipo, y fue elegido como el mejor jugador del torneo.
Con el tiempo también ha moderado los brotes de insolencia y displicencia del comienzo de su carrera, que probablemente fueron fruto de una fama repentina mal asimilada.
Sus compañeros de club y selección, entre ellos el barcelonista Dani Alves, siempre lo califican como un chico sencillo y muy humilde, que encajaría bien en cualquier vestuario.
Su jovialidad y carisma le han convertido también en un jugador inmensamente mediático, con una gran popularidad entre los jóvenes brasileños, que imitan sus osados peinados y sus vestimentas extravagantes.
Es capaz de catapultar a éxitos musicales las canciones que baila en el vestuario o cuando celebra un gol, como fue el caso del “Ai se eu te pego”, de Michel Teló.