El Real Madrid goleó ayer 7-1 al Guangzhou Evergrande, en un juego de una sola dirección, en el que Mourinho jugó cerca de una hora con el que podría ser su equipo titular para la ida de la Supercopa de España ante el Barcelona.
En un partido sin historia, el balón fue de los blancos desde el pitido inicial. No podía ser de otra manera, dada la calidad de unos y otros y, sobre todo, porque la alineación puesta sobre el campo por Mourinho no dejaba lugar a dudas. Precisamente, tras driblar a este último al paso por el minuto siete, Benzema colgó un balón que fue mansamente cabeceado por Sami Kedhira para hacer el 0-1.
En el Guangzhou, mientras todos buscaban al flamante fichaje Darío Conca, desaparecido todo el partido, el brasileño Muriqui era el único que llevaba peligro a la meta de Casillas aprovechando las subidas de Marcelo.
Sin embargo, cada nuevo intento local de adelantar posiciones era respondido con un golpe de los blancos que, en el 31, hicieron el 0-2 por medio de Özil. El gol descompuso más, si cabe, a la frágil defensa cantonesa, que en un nuevo fallo permitió a Benzema recibir en el área para, a la media vuelta, hacer el 0-3 en el minuto 39.
El brasileño y Callejón pudieron hacer el quinto antes de cumplir los primeros diez minutos de la reanudación, pero fue Cristiano, esta vez sí, el que con un sutil taconazo superó a Yang. Mourinho consideró terminado el ensayo al paso por el minuto 60 e introdujo un óctuple cambio en el que se retiraron jugadores como Benzema, Casillas o Cristiano.
Jese, rematando con el pecho un pase de Di María en el 71, el propio Di María en una contra y Yang Yihu, que superó en su salida a Adán e hizo el 1-7.