El anuncio de la inminente reapertura del Hipódromo de Maroñas, clásico escenario hípico del Río de la Plata enclavado en Montevideo, sirvió para mostrar la desesperación de los uruguayos por conseguir un empleo, crudo síntoma de la crisis económica que afecta al país.
Enfrentando el duro invierno austral, unas 500 personas llegan cada día a la entrada del hipódromo, situado en el barrio periférico de Maroñas, para esperar a algún representante de la empresa que ganó días atrás la concesión de su explotación que, aunque sea, les prometa un ansiado trabajo.
El desempleo, la cara más cruel de una recesión de más de tres años, hace que muchos acampen durante varias noches en las puertas del centro hípico, donde a principios de siglo vibró con las carreras de "pingos" el mítico cantor de tangos Carlos Gardel, que poseía varios caballos.
Maroñas fue uno de los principales centros hípicos sudamericanos, junto a Palermo, al otro lado del Río de la Plata en Buenos Aires.
"Somos casi todos obreros de la construcción que venimos de diferentes barrios de Montevideo y también desde fuera, caminando o en bicicleta. Esto va a ser una fuente de trabajo importante", dijo a Reuters Daniel Viera, quien, como muchos uruguayos, ya olvidó lo que es un trabajo estable.
Quienes aguardan a la puerta del hipódromo esperan la oportunidad de participar en la reforma que encarará la empresa Hípica Rioplatense, a la cual el gobierno otorgó la explotación de Maroñas por 30 años.