No voy a pecar de iluso y pedirles a los panameños que protesten por la cultura con el mismo ahínco con que lo hacen cuando nos despojan de un triunfo deportivo.
Sería pedir demasiado a un pueblo al que, sin darse cuenta, se le predispone para que accione en determinada forma ante ciertos acontecimientos.
Tampoco voy esperar que se transmitan en cadena nacional de radio, televisión y redes sociales, aquellos acontecimientos que celebramos unos cuantos, como lo son la entrega de algún premio literario, la publicación de un nuevo libro o los debates sobre el nuevo pensamiento humano y los últimos descubrimientos antropológicos, para mencionar algunas "rarezas" que no dan "rating" y sirven poco para posicionar marcas.
Pero sí puedo, y debo, como ciudadano de este país y en mi condición de vocero del sector cultural, solicitarle al Gobierno que cumpla con la Constitución y la Ley en lo referente a la política cultural del país.
Puedo pedir un mínimo de respeto y urgir al Ejecutivo para que nombre en propiedad al titular del Instituto Nacional de Cultura. Y no me importa si ratifican en el cargo al actual director encargado, o que se saquen un as debajo de la manga y nos den un batacazo.
No faltará quienes digan que no es tan importante que haya un director o directora en propiedad después de que el Inac siga andando. Quizá tengan algo de razón, pero no deja de ser un desplante el hecho de que en todas las entidades en las que se dieron cambios se nombraron de una vez a los sustitutos, y que en el caso del Instituto Nacional de Cultura, nos mantengan en el círculo de los que esperan.
Volviendo al tema de fútbol y, a propósito de México, no debemos obviar el hecho de que primero fue una potencia cultural y después vino lo otro.
A ellos primero se les reconoció y respetó por su acervo histórico y cultural y después por sus boxeadores y futbolistas.
No insistamos, entonces, en poner los bueyes por delante de la carreta. Primero debemos tener plena conciencia sobre lo que somos y representamos para luego poder enfrentar -en el terreno que sea- a los gigantes.
Si empezamos por ser más formales en las posiciones de liderazgo de nuestra principal institución oficial en materia cultural, habremos dado un paso grande y podremos trascender a un mejor estadio.