"La educación funciona mediante modelos, pero nuestra sociedad no tiene claros cuáles son sus modelos, así que determinemos cómo somos, quiénes queremos ser, cómo queremos ser y caminemos en esa dirección". Así piensa la Dra. Margarita Vásquez, quien fue condecorada esta semana con la Orden al Mérito Anita Villalaz, junto con el fotógrafo Carlos Montúfar y la empresaria Natasha Sucre.
La Dra. Margarita Vásquez mantiene viva su fe en la capacidad de autogestión de la gente. La gente, que sabe que el ser humano siendo isla nada consigue, pero sí aglutinando esfuerzos.
"En nuestros campos, la gente ha sabido construir un acueducto, ha tapado los huecos de la carretera a punta de pico y pala, incluso ha abierto caminos, ha ayudado a llevar en hamaca a un vecino muy enfermo, ha ayudado a construir una vivienda que no es la suya, y todo eso sin pedir un real.
“Hoy, en la ciudad, la gente olvida esa solidaridad, y al hacerlo se castiga a sí misma. Lo que digo es esto: no hay que buscar modelos solamente afuera, en el exterior. Escarbemos también en el fondo de nosotros mismos para saber quiénes somos, y veremos algo maravilloso: somos gente de buena condición. No continuemos echándonos a perder", dice.
Con una trayectoria de medio siglo en la docencia primaria, secundaria y universitaria, la Dra. Vásquez, también Académica de la Academia Panameña de la Lengua desde 2005, en una entrevista esta semana, hizo interesantes planteamientos que compartimos hoy con los lectores de díaD.
Conocimos que su padre y su madre eran educadores. Él Profesor y ella Maestra. Sí, con mayúscula. Por la abnegación con la que ejercieron su profesión.
Esta hija del profesor tableño Claudio Vásquez V., y de Da. Margarita Quirós de Vásquez, penonomeña, se dejó seducir por las palabras. Eligió ser profesora de Español. Con todo y que su madre anhelaba verla en otro ámbito laboral.
"Ella quería que yo trabajara en un banco, que fuera azafata de algún avión, que, como secretaria, me dedicara a tomar el dictado de algún jefe distinguido o que fuera odontóloga. Pero yo, desde que recuerdo, quería ser profesora de Español. Me gustaba la gramática (ya sé que eso es raro, pero me sigue gustando) y me pasaba la vida leyendo la literatura que le asignaban a mi hermano, quien estudiaba en el Instituto Nacional (las monjas me confiscaron El sombrero de tres picos)".
La académica cuenta también cómo en su niñez aprendió declamación con Anita Villalaz, en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación, en Avenida A, en la época en que era dirigido por el violinista Alfredo de Saint Malo, en cuyo honor precisamente se realiza el Festival de Música Alfredo de Saint Malo, cuya tercera versión recién culminó exitosamente en Panamá el fin de semana pasado.
La pequeña Margarita estudiaba piano en las tardes dos veces a la semana con Hanz Janowitz. Fue años después, al comenzar la secundaria cuando conoció a la eximia actriz.
"Decidí matricularme, además, en declamación, y allí me hice alumna de Anita. Era una época de oro del Conservatorio", rememora.
De ella aprendí a recitar sin exageraciones, a modular la voz, a pronunciar adecuadamente, a apreciar el sonido de la voz humana", dice quien fue una buena pupila de una maestra digna de emular.
díaD: ¿De dónde es usted?
M.V. Soy cédula 9, porque mi papá era 7 y mi mamá 2.
díaD: ¿Cuántos años ha dedicado a la docencia?
M.V:Tengo un nieto de nueve años, Juan Sebastián, a quién le gusta preguntarme: ¿cuántos años? Y siempre le contesto: Sin cuenta, Juan, sin cuenta. Entonces se ríe con picardía. Creo que a ti también te diré: sin cuenta, que puedes convertir en cincuenta.
díaD: ¿Autores y obras predilectos?
M. V. :Ahora mismo, de Alejo Carpentier, La Consagración de la Primavera. Ah, tampoco he leído a Confucio.
díaD: ¿Qué cambios haría a la educación para mejorarla?
M. V. : Lo que voy a decir, por supuesto, es un sueño:
1. Le pagaría inmediatamente al INADEH los dineros que le fueron arrebatados.
2. Haría que la Universidad de Panamá transformara la Escuela Jamaica, que queda en Veranillo (allí, en frente de nuestras aulas), en una escuela primaria modelo. Así, también, una secundaria modelo, que pudiera ser el Bolívar.
3. Fundaría allí (y en Curundú, en la Escuela Fe y Alegría) una escuela de teatro y una orquesta de flautas dulces (no son caras), cuya dulzura endulce el alma atropellada de la gente.
4. Haría que los profesores y alumnos de las carreras humanísticas y científicas trabajaran ¡ya! en programas y libros electrónicos. Eso viene. Por supuesto, les daría con qué trabajar… y tiempo.
díaD: Hable sobre el papel de la lectura en el desarrollo integral del individuo.
M. V. : ¿Hay algo más alentador que escuchar a un campesino decir que su hijo le enseñó a leer y a escribir? Pues esto lo he visto hace poco en la televisión panameña… y me dolió, porque pensaba que todos éramos letrados. ¿Has visto que nuestras escuelas están pintadas de amarillo y azul, y que se pueden identificar? Pero hay enfermedades que parecen haber sido derrotadas, como la tuberculosis, y un buen día te das cuenta de que han revivido. Es el caso del analfabetismo. Tenemos que trabajar para erradicar ese mal.
Pero el otro mal, el de los alfabetizados iletrados, es peor. Allí hay que hacer un trabajo descomunal. El siglo XXI es el siglo de las competencias relacionadas con el lenguaje escrito y con la imagen. Hoy hay que saber darles forma, razonando, a los pensamientos con las palabras escritas y con los números. Con ellos ordenamos, comprendemos y gozamos el mundo que nos circunda.
díaD: ¿Cómo a través de la Academia se puede ayudar a mejorar la cultura del país?
M. V. : Antes de hablar de la Academia, quiero dedicar un segundo al recuerdo de Cris Bustamante, a quien todos admiramos y quisimos por su extraordinaria dulzura e inteligencia. Todavía tenemos todos un peso en el corazón.
Los académicos trabajamos, mediante comisiones. La Comisión del Diccionario de la Real Academia, cuya versión virtual se renueva actualmente cada seis meses, revisa los envíos que se reciben de España. La versión en papel continuará saliendo cada diez años, como hasta ahora.
Trabajamos también en el Diccionario de Americanismos de la Asociación de Academias, en la Gramática de la Lengua Española y en la Ortografía. Estas obras son básicas y fundamentales, y el trabajo es arduo.
Este trabajo, por supuesto, sirve para mejorar la cultura del país, porque estará a disposición de todos los que quieran consultar las obras.
De hecho, mi condición de académica me ha llevado a trabajar en una investigación titulada Enseñanza del Español en el Mundo Hispánico. Esta investigación, auspiciada por la Fundación Comillas, la dirige el doctor Humberto López Morales, actual Secretario General de la Asociación de Academias, y resulta muy interesante porque se analizarán 40 redacciones de V grado de primaria y 40 redacciones de V Año de secundaria, para establecer valores relacionados con la riqueza léxica, la coherencia, la cohesión y la disponibilidad léxica de los niños.
Los resultados nos ayudarán a determinar problemas más profundos que los simplemente ortográficos. En fin, muchísimo se puede hacer, y lo haremos. Paso a paso trabajamos por la cultura.
díaD: ¿Qué representa para usted este reconocimiento?
M. V. : Significa mucho para mí este reconocimiento por quienes lo hacen (Teatro Club de Panamá, Círculo Cultural Anita Villalaz y Academia Laboral de Bellas Artes), y por las razones por las que lo hacen. Se me reconocen mis provechosos años de estudios en el Conservatorio de Música y Declamación (que fueron más que provechosos). Se me reconoce una abnegada labor como educadora. Digamos que basta con reconocer mi labor, que ha sido dura y de constante estudio, pero que, después de todo, ha sido realizada con placer, con gusto, con gozo, sin sufrir. Y, finalmente, se reconoce mi trabajo como Académica de la Lengua.
Les doy las gracias a doctor Miguel Moreno, a la Dra. Maritza Peregrina y a D. Juvenal Pinzón por este reconocimiento, por esta mirada a un tiempo pasado que muchos desconocen, pero que permanece vivo en mi recuerdo con gratitud y con un poco de fervor.
Reflexión.
Otro mal es el de los alfabetizados iletrados, es peor. Allí hay que hacer un trabajo descomunal.