En el tercer aniversario de su asesinato, los guatemaltecos recordaron ayer al obispo católico Juan Gerardi con rezos, velas y flores, mientras los abogados interrogaban testigos en el juicio contra sus asesinos.
Gerardi fue muerto a golpes el 26 de abril de 1998, poco después que el grupo de derechos humanos que lideraba en la iglesia publicó un informe culpando a los militares de la mayoría de los abusos cometidos durante los 36 años de guerra civil.
Después de casi tres años de demoras, durante los que jueces, fiscales públicos y testigos huyeron del país en medio de amenazas de muerte, el juicio a los cinco sospechosos -tres de ellos vinculados con el ejército- comenzó el 23 de marzo, a pesar de un ataque con bomba contra la casa de una jueza.
Recitando plegarias y entonando himnos, monjas y multitudes de estudiantes uniformados portando flores y fotos de Gerardi desfilaron ayer ante su tumba, situada detrás de la principal catedral de la ciudad de Guatemala.
"Trató de hacer una Guatemala mejor", dijo Marilú Guevara, de 16 años, mientras hacía fila para rendir tributo a Gerardi."Tenemos que saber quién lo mató."
El asesinato aumentó los temores entre los guatemaltecos de que no hubieran quedado atrás los oscuros días en los que soldados, paramilitares o guerrilleros dirimían sus diferencias a balazos.