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Refugiados y desplazados: Una situación difícil

A pesar de los riesgos que han de afrontar gran parte de estos emigrantes, nunca encuentran la seguridad económica que buscan y pocos hallan el hogar seguro y permanente que anhelan.


or todo el mundo hay millones de seres humanos que sufren por la guerra y padecen hambre y sed; un ejemplo es el de los refugiados. Para todo ser humano lo normal es tener una vida en familia. Para una gran cantidad de ellos no es así.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados divide a estos nómadas en dos grupos: los refugiados y los desplazados internos. Los refugiados son los que huyen de su país por un temor justificado a la persecución o la violencia; los desplazados internos son quienes se ven obligados a abandonar sus hogares por la guerra u otras amenazas, pero que aún residen en su país.
El problema de los refugiados alcanzó nuevas dimensiones a finales de la Primera Guerra Mundial. Se desintegraron imperios y se persiguió a las minorías étnicas. Como consecuencia, millones de europeos buscaron asilo en otros países. La Segunda Guerra Mundial -aún más destructiva que la primera- obligó a huir de sus países a otros tantos millones. En aquel entonces, los no combatientes trataban de escapar de la violencia indiscriminada.
En un país africano, donde la guerra civil ha durado 18 años, existen 4 millones de desplazados internos y cientos de miles más que han tenido que cruzar la frontera. Las cifras de desplazados internos y refugiados en el mundo son incalculables. Los refugiados abandonan su país y buscan ser acogidos en otro, no por decisión propia o por razones de índole personal, sino por necesidad. A estos no les es sencillo conseguir el amparo de los países que hacen frontera con su tierra natal.
En el ámbito internacional, cada vez es más difícil obtener el reconocimiento oficial de la condición de refugiado. Esto se debe, entre otras razones, a la reticencia de algunas naciones a aceptar exiliados, debido quizás a que no pueden hacerle frente a una afluencia masiva de gente o porque temen que la entrada de un gran número de ellos haga peligrar la estabilidad política y económica del país anfitrión.
Por otra parte, los atemorizados civiles a veces ni siquiera tienen la resistencia, el alimento o el dinero que hace falta para recorrer el largo camino que los separa de la frontera. De modo que, su única opción es mudarse a una zona más segura de su propio país convirtiéndolos en desplazados. Los refugiados están dispuestos a afrontar privaciones e incertidumbres. Dejan su territorio para buscar agua, comida, trabajo, y especialmente, seguridad. Puesto que en su país la situación es desesperante a causa de la pobreza, la violencia, persecución, el acecho, la discriminación y otros factores de tinte opresivos, tratan de reunir como sea el dinero para el viaje. Muchos mueren en el intento de hallar una vida mejor.
A pesar de los riesgos que han de afrontar gran parte de estos emigrantes, nunca encuentran la seguridad económica que buscan y pocos hallan el hogar seguro y permanente que anhelan. Lo único que logran es sustituir unos problemas por otros. Este es el caso de nuestros hermanos vecinos de Colombia. Colombia es una tierra repleta de bellezas naturales, donde se mezclan los edificios modernos con monumentos arquitectónicos antiguos. Su mayor atractivo es su gente, conocida por sus fuertes vínculos familiares y su cordial hospitalidad. Sus habitantes han sufrido opresión debido a una guerra civil infame. Aún así, los colombianos no sólo han mantenido su amor a la vida, las artes, la música y la danza, sino también a la reputación de ser una sociedad tolerante. Lamentablemente, ya no se puede decir lo mismo de todos los colombianos. Un reducido grupo de ellos arruina la reputación del país agrediendo a sus propios compatriotas. Para Panamá, como país anfitrión, la situación es compleja. En nuestra frontera con Colombia, a duras penas hay para los pobladores. Escasean los alimentos y el agua; las medidas higiénicas y el alojamiento son inadecuados, por no decir, misérrimos. Nuestro país ya tiene problemas para alimentar a los propios. ¿Qué hacer para alimentar a los extraños? La situación es compleja.
La presencia de elementos armados entre la población de refugiados pone en peligro a los nativos del lugar y con riesgos cada vez mayores. Con el agravante de hacerlos vulnerables a la intimidación y al hostigamiento. Los que caen en manos de los traficantes corren especial peligro. Nadie parece cuidar del bienestar de esta gente. Su propio gobierno, sumido en un conflicto bélico de nunca acabar, es incapaz de hacerlo. Prácticamente, todo refugiado o desplazado colombiano tiene una historia terrible que contar. Sin embargo, es más penosa la situación cuando se les obliga a regresar a su país de origen en contra de su voluntad. Los retornados tienen que sobrevivir en medio de una situación en la que apenas existe el estado de derecho.
Soy de la opinión que las repatriaciones forzosas nunca resuelven los problemas de los refugiados si no se abordan las causas subyacentes, especialmente en el tema de la seguridad. Este es un asunto complejo en comparación a una simple provisión de seguridad y asistencia a corto plazo. Lo primero es reconocer los derechos humanos de todos los hombres, mujeres y niños para que disfruten de la paz, la seguridad y la dignidad sin tener que huir de sus hogares. Las hostilidades, la persecución y la violencia, nacen del odio, del prejuicio y la injusticia, malestares difíciles de erradicar.
La guerra nace de la mente del hombre y es en la mente del hombre donde debe reinar la paz. Sin esto, es muy difícil que acabe la lucha por la supervivencia migratoria. Los refugiados y desplazados esperan días mejores en que la igualdad y los derechos humanos no sean sólo palabras que se lleva el viento, sino una realidad vivencial. Sólo le ruego al Creador que nos libere de una guerra civil y del sufrimiento que conlleva ser refugiado, desplazado o repatriado. Nuestros problemas son otros, lástima que nos haga falta coraje y valentía para darles la solución justa y adecuada.


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194760
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América