A propósito de estos días de reflexión, vale la pena que los panameños empecemos a intentar resolver algunas cuestiones que nos atañen, tomando acciones individuales que nos sirvan para menguar el estrés.
Ya no basta con quejarse del alto costo de la vida. Las circunstancias y las perspectivas que se ven en el horizonte nos están induciendo a revisar nuestro estilo de vida sin que esto implique imponernos limitaciones y privarnos de las múltiples opciones que nos presenta el mundo de hoy.
Se sabe que todo en exceso es malo, por lo que -ahora más que antes-, la conducta mesurada, el consumo inteligente y ahorro sostenido son las herramientas que debemos emplear para resistir o subsistir.
Se trata de volver a aprender y entender que cada paso que demos hoy, puede ser la diferencia para los que seremos mañana.
Somos consumistas por tradición y hoy, cuando nos taladran el cerebro desde todos flancos, y nos ofrecen todo tipo de opciones para comprar y consumir, debemos ser más cautelosos y actuar con pausa para no ceder ante la tentación.
Causa placer entablar conversaciones extensas vía celular, aunque el tema no sea trascendente; dar vueltas por la ciudad en auto para apreciar su crecimiento es un gusto, pero el combustible sigue su alza galopante; ser dueño de cualquier adminículo de última generación nos hace lucir a la moda, pero habría que preguntarse si no se pudieran obtener los mismos resultados con uno más sencillo.
Se trata, pues, de contar con un plan o contrapeso para poder gozar de todas las bondades de estos tiempos sin que estas nos lleven, irremediablemente, al camino del endeudamiento innecesario y al suicidio financiero.
De allí que lo recomendable es proceder con más pausa que prisa; ejercer un especial autocontrol en nuestros gastos, porque el mañana no está prometido para nadie, por más que los pronósticos digan que sobre nosotros caerá una lluvia de bonanza por los siglos de los siglos.