Los jóvenes se envejecen ahora más rápido que nunca, si comparamos la sucesión de épocas con lo vertiginoso que cambia el mundo.
Hago reír a jóvenes de mi entorno cuando les pregunto: ¿Se acuerdan del beeper? ¿Se acuerdan de los troncales? ¿Se acuerdan de los primeros celulares? ¿Ustedes comieron Nucita? Son chicos de no más de 24 años.
A todo me responden que sí.
Y les digo: -¡Están viejos!
Se miraron entre sí y dejaron soltar sus carcajadas.
Les compartía que me siento feliz de haber usado diferentes softwares, procesos y programas especiales. Todo se resume en ser testigos y actores de la historia.
Antes eran los ancianos los que en sus cálidas conversaciones decían: -¡Te acuerdas, viejito, cuando usábamos el ferry para cruzar del interior del país a la capital!
Bueno, esa es la conversación que sostienen hoy los jóvenes. En tan solo dos años han visto pasar por el escenario de las innovaciones el MP4, iPhone, iPod, iPad y mil aparatos más.. Ni hablar de los videojuegos.
No hay de otra, hay que renovarse.
Una compañera que tuvo a sus niños casi cuarentona, nos hizo reír porque es fanática de Google y le obsesionan los temas de salud. Confesó que si no fuera por sus hijos y por su profesión, no hubiese avanzado nada en el manejo de la tecnología.
Ella necesita estar actualizándose constantemente y buscando información por las tareas escolares de sus hijos. Tiene una buena razón para renovarse, pues teme no dar la talla cuando sus intrépidos y curiosos niños le hagan preguntas más complejas y le planteen retos más difíciles.
Sin embargo, hay personas que rehúsan el cambio; temen experimentar, ensayar, cambiar, sin darse cuenta de que cada vez el mundo se aleja más de nosotros.