Puede que esta columna esté un poco trasnochada, pero es importante escribirla para que conste en los registros históricos.
Los resultados que se dieron en la Serie Hípica del Caribe no nos sorprendieron. Si se quiere, habría que decir que prevaleció la lógica. Primero, fue la potranca panameña “Portantina”, brillante ganadora del Dama del Caribe con magistral conducción de José Lezcano. Después, vino el inobjetable triunfo de “El Celestial” en el Velocidad, ratificando los ejercicios que había realizado.
La Copa Confraternidad, el segundo evento en importancia de la serie, se tradujo en una cómoda victoria del venezolano “Tato Zeta”, el cual dio cuenta fácil de los panameños “El Quiche”, “Morisqueto” y “Memento”, los cuales dieron una gran batalla, pero sucumbieron ante el poder del ganador.
En cuanto a la Copa Invitacional de Importados, el público panameño dejó que “Dixie Emperor” pagara más de 9 dólares, influenciados por la simpatía hacia “Obeche”, el llamado “pony que corre”. Aquí hacemos un “mea culpa” por habernos centrado en el Clásico del Caribe y pasado por alto esta carrera en la que veíamos a “Dixie Emperor” como ganador.
Llegado el momento estelar, la mayoría de los hípicos vio con claridad que “Heisenberg” tenía todo a su favor, incluso, el día de la carrera el mejicano “Veritas”, que se pensaba sería su más acérrimo rival, fue retirado.
“Heisenbeg” y su jinete, Emisael Jaramillo, hicieron una carrera perfecta y su triunfo fue legítimo. Hay que aplaudir la excelente presentación de “Desbocado”, que estuvo siempre presionando y terminó en un vistoso segundo lugar, que nos llena de orgullo. “Provenzzano” se hizo del tercer lugar en una carrera en la que tenía todas las condiciones en contra.
Cerramos este capítulo con la esperanza de que la crianza nacional repunte con los nuevos incentivos que hay, porque cinco años sin comer del pastel grande, no nos hace nada felices.