La policía retomó ayer el control de un centro de detención juvenil en el sureste de Brasil tras un motín de centenares de menores que dejó por lo menos un preso muerto y cinco heridos, informó la prensa local.
La revuelta comenzó a tempranas horas de la mañana cuando unos 300 presos en la cárcel de Santo Andre, una zona industrial en las afueras de Sao Paulo, intentaron protagonizar una fuga masiva para "celebrar el Año Nuevo con sus familias", dijo la agencia noticiosa O Globo.
Añadió que los presos prendieron fuego a sus colchonetas y que uno de ellos murió quemado, aunque la radio CBN dijo que el preso fue apuñalado por prisioneros rivales.
La televisión mostró imágenes de cientos de presos en ropa interior sentados en el piso de concreto del patio de la cárcel, vigilados por policías antimotines.
El Departamento de Asistencia Social del Estado de Sao Paulo declinó comentar al respecto, diciendo sólo que su director, Edsom Ortega, tenía programada una reunión con el gobernador Mario Covas para analizar el suceso.
Los revoltosos fueron trasladados a Santo Andre en noviembre, debido a una ola de violencia y fugas masivas en el penal donde se hallaban antes, el centro de detención inmigrantes.