Se sabe que más no siempre da como resultado mejor, pero sin lugar a dudas cuando de carreras de caballos se trata, mientras más alternativas existan mejor para los fanáticos, mejor.
Basta con fijarse en las carreras de transmisión simultánea para darse cuenta que los eventos en hipódromos como Belmont, Gulfstream, Chuchill Downs y esporádicamente en Arlington, el interés de los hípicos se incrementa grandemente.
Este preámbulo lo hacemos para poner la mira en la realidad de las carreras nacionales en las que se hace difícil confeccionar competencias pobladas. Claro que existe un déficit de equinos como para aspirar a que la mayoría de las carreras tengan un promedio de diez competidores, pero también es cierto que hay un importante nivel de especulación en las inscripciones y el proceso de audiencia que se realiza, después de presentado el programa provisional, lo cual finalmente termina debilitando el programa oficial.
Las carreras del pasado fin de semana son una prueba de lo que estamos señalando.
Por mucho tiempo se ha planteado la posibilidad de que se apliquen sanciones a los entrenadores que, una vez reporten jinetes, proceden a retirar a sus caballos del programa provisional sin una justificación de peso. Pero por razones que todavía son un misterio, nadie sabe porqué no se ha podido establecer esta disposición.
Lo cierto es que si no se toman los correctivos seguiremos padeciendo de este mal que parece de nunca acabar y, como consecuencia de eso, continuaremos viendo carreras que en papel son de seis o siete caballos y que en la realidad terminan reducidas a cuatro o cinco.
Es sencillo. Una vez que se le reporte jinete a un caballo se entiende que está preparado para competir, así que retirarlo sin razón justificada es suficiente motivo para una sanción. Hay que frenar el relajo.