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Retratos con ají chombo*


Este libro no es autobiográfico”. Con esa solitaria instrucción la escritora me entregó, para su revisión, el borrador de Vida, corriente arriba. Palabra de honor: garantizo que este libro no es autobiográfico, sin embargo les aseguro que en él estamos retratados su autora y muchos de nosotros.
Bessie o Beleiva Ortiz, como ha firmado la autora de este libro, ha portado por años una cámara (indiscreta); se la ha pasado fotografiándonos y atisbando nuestros pensamientos más recónditos; de paso, se ha autorretratado, y hoy, con gracia y torrente narrativo, nos entrega este producto literario en el que muestra una radiografía psico-socio-cultural de la cotidianeidad de un período de nuestra historia, con las altas y las bajas; euforias y melancolías; orgasmos e impotencias; certezas e incertezas y los perfiles anímicos, según el caso, de acuerdo a la ocasión, el lugar, la estación del año, el mes, el día de la semana, el turno de la jornada, época de vacación; inclusive según la hora y el minuto. Es una radiografía de soledades, alegrías, rupturas, compañías, desencuentros y derroches; de informaciones; de murmuraciones y bochinches, materia, muchas veces perversa, con la que se construye el imaginario social.
Provista de sentimientos y ardores, una dama aplica la eutanasia en aquel paciente insalvable para que el amado (médico de profesión) recupere el arrebato amoroso adormecido por el estrés, el trabajo y la fatiga carnal.
Es la aventura humana rebosante. En la cazuela narrativa de Bessie, la cocción es a base de ají chombo, en dosis razonables, para que nadie se indigeste.
Lo importante en la escritura es poner sobre la página el relato que tenemos en mente: “Escribámoslo con humildad y con toda la devoción que corresponde”, sugiere Adolfo Bioy Casares.
En este libro, el símil es un instrumento oportuno: la doñita tiene pose de porcelana en pedestal, o las chicas presumidas del pueblo caminan como si se hubieran tragado una espada.
La paradoja es el eje central. Las personas y las cosas van más allá de lo que aparentan, y las situaciones se salen del control de los actores de los relatos. Una paradoja es una afirmación en apariencia verdadera. Implica una autocontradicción lógica. O contradice el sentido común, no frecuente. Es aquello opuesto a lo que uno considera cierto.
En la búsqueda del amor, no se pierde la esperanza de encontrar a la persona indicada, aunque esté anunciado que se fracasará en el intento. Las promesas no cumplidas no son solo materia política, sino del corazón, y están contenidas en aquellas frases tentadoras y acarameladas del tipo “tú verás que conmigo será distinto”. En el relato no es la cándida niña, Ligia Elena, quien acepta irse con un niche, sino el hijo consentido de mamá que estudia en una costosa universidad estadounidense y quien corteja a la rústica hija de la criada del hogar de sus padres, la instruye y se la lleva a Europa. La nueva pareja, feliz, y los padres de él, enfermos.
Un protagonista patenta el voto de indiferencia. Es delito no respetar el derecho de autor, sobre todo en tiempos globales. Y a la hora de la verdad, 50 años después, la esposa revela un secreto íntimo. Ni que fuera un documento secreto en poder de la CIA.
En mundos paralelos se encuentra el desbordamiento de los padres protectores, felices hasta el infinito; la divertida abuelazón (¿a veces resulta insana?); la contemplación del anacoreta, y el talante sombrío de la pareja estéril; la relación padres-hijos, la enseñanza de los hijos y los miedos que les son infundidos a estos. Los pesos y contrapesos en las relaciones de poder esposa-esposo, y el forcejeo, cuando lo hay.
¡Cuidado! En una situación es posible que se entreteja en el ambiente sonoro el lenguaje procaz y el discurso religioso, y en otra puede resultar borrada la frontera entre la realidad y la ficción; entre el reportaje y el relato ficticio.
En cada texto hay una estructura del cuento, pero aquello que lo define es el tratamiento individualizado en sí de los asuntos, los personajes, sus pensamientos y sentimientos, así como los espacios y las peripecias expuestas.
Sobre este género, Borges expresa: “Veo las dos puntas: sé el principio y el fin; lo que sucede entre ambos extremos tengo que ir inventándolo, descubriéndolo”. Brújulas son estos párrafos iniciales que nos llevan a cierres-faros sorprendentes.
En cada una de esas gotas de agua vistas con la lupa, está a flor de piel la aventura humana. Con sus frustraciones, satisfacciones, obsesiones, postergaciones, indecisiones, insatisfacciones, emociones.
Quien emigra abandona su patria por el empeño de una condición mejor de vida, sin embargo lo persiguen las desazones y triunfos del terruño.
La superstición puede adoptar un carácter científico y también religioso: Petra, si sueñas que hoy es tu día, así está escrito, y no hay tutía.
Además del acaecer humano, la ciencia-ficción: sonrientes extraterrestres desnudos sostienen una plática con un terrícola, mientras otros se muestran vigilantes, o hablantines, o indiferentes.
Los humanos de esta región del planeta somos superlativos: hasta el ridículo llevamos la epopeya del nacimiento y de la vejez. Como la belleza se esfuma, la lozanía se seca. Hasta el cuerpo otrora candoroso y ardiente se desploma de repente. Es gente determinada capaz de rematar una relación de lustros envalentonada por el hedor al ser descubierto el pie. Cuestión de olores: en un funeral bajo el estricto ritual religioso se prescinde de las coronas de flores, no vaya a ser que se le atrofie el olfato a los deudos.
La vida es un viaje. En una búsqueda ancestral se convierte la existencia humana. Ese caminar es esencia vital. Un varón transitó leguas y leguas buscando la felicidad que no encontraba. Después de descubrir nuevos parajes, situaciones, personas y riquezas, la felicidad no se le apareció. Retornó a su sitio de origen y por arte de magia la halló en la sonrisa ancha de sus hijos y en el afecto que le tributaron sus amigos.
El cuento –según Joyce- se construye alrededor de una epifanía, y el cuentario de Beleiva Ortiz es un canto a la vida, a sus espacios y circunstancias y a los viajeros más cercanos.
En los relatos un encantador se traga a su serpiente; unos seres son hiperpredecibles, otros, rehenes de sus manías; los hay absolutamente impredecibles; es un juego aterrador la travesura de convertirse en rezador de velorio a los diez años; un gringo viajó miles de millas para presenciar un desfile municipal de carretas que resultó frustrado por una disputa entre el alcalde y el comité organizador de la fiesta.
En Vida, corriente arriba, hay un tratamiento psiquiátrico para el síndrome del porqué. Un beso en la boca puede acabar con la melancolía y el insomnio producido por el síndrome del porqué de la existencia, incluso del porqué hay pobreza, que había atormentado por varias décadas a un amante. Recomiendo los poderes de este mentolato narrativo.
(*) Texto basado en la presentación del libro Vida, corriente arriba, de Beleiva Ortiz. La actividad fue celebrada en la Biblioteca Nacional “Ernesto Castillero Reyes”, del Parque Omar, en la ciudad de Panamá, el 14 de junio de 2006.


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244073
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América