Deportes

Rodaje a cuarenta grados bajo cero

Es un thriller protagonizado por dos miembros de la División Azul, aquel ejército de casi 20,000 españoles que se ofrecieron ¿voluntarios? para ayudar a Hitler a combatir al Ejército Rojo y se dejaron el orgullo, el honor y la vida en el pavoroso y glacial frente ruso.


A cuarenta grados bajo cero el sudor se congela. A cuarenta grados bajo cero las armas no funcionan. A cuarenta grados bajo cero no puedes sacar el pene para mear. A cuarenta grados bajo cero cada inspiración es un puñado de cristales rotos en los pulmones. A cuarenta grados bajo cero no puedes tocar superficies metálicas sin guantes, porque si no la carne se queda pegada y tendrías que separarla con un cuchillo. A cuarenta grados bajo cero, si hay viento, la sensación térmica es de sesenta. A cuarenta grados bajo cero el enemigo es un mal menor. A cuarenta grados bajo cero, los motores no arrancan, el cerebro sufre visiones, la piel se quema como en medio del infierno más temido y ardiente, la sangre circula con dificultad, la comida se transforma en mármol.

Esas fueron las condiciones que sufrieron los componentes de la División Azul en 1943 durante su asedio a Leningrado, eso y cinco mil muertos, ocho mil heridos, dos mil mutilados, cuatrocientos prisioneros...

El equipo de rodaje dirigido por Gerardo Herrero que se ha desplazado a Lituania para adaptar mi novela El tiempo de los emperadores extraños. No sufrirá una experiencia tan traumática, pero también hará frío, mucho, por eso me he pasado estos días comprando botas, camisetas térmicas, “anoraks”, gruesos calcetines, todas las capas de blindaje que pueda ponerme mientras esté junto a ellos el mes y medio que durará la experiencia.

 

Serán semanas de mucho trabajo, ajetreo, de toma de decisiones, de jornadas extenuantes, pero también de sueños cumplidos, de extrañas manifestaciones de belleza, de forjamiento de vínculos y amistad. Arturo Andrade tendrá la película que tanto ansiaba, y podrá morigerar un tanto la tenebrosa laguna de ira que se acumula en su interior, tendrá unos instantes de serenidad en medio del caos.

Gerardo Herrero, director y productor, se halla habitado por la historia, Juan Diego Botto, que se enfundará la piel de Andrade, adelgazó diez kilos para ser aparente, Carmelo Gómez, también a régimen y con un bigotito falangista para que nadie eche de menos al Espinosa del texto, lleva semanas inmerso en las oleadas de dudas existenciales y dolor físico que atormentan al sargento. Y Rusia, la madre Rusia, amante y asesina, donde Caronte hace tiempo que pidió la baja por incapacidad para transportar tantas almas muertas a través de la laguna Estigia; allí recrearán las trincheras, la sangre, el honor, el surrealismo, el sitio, el hambre, los palacios congelados, a Luis del Águila y a Tiroliro, al cabo Aparicio, la vesania, la sobredestrucción, los golpes de mano, la cellisca, los guripas y “panienkas”, Krasny Bor y su trompeta del juicio final, los corazones arrancados y devorados, Molewo, la metralla, y mira que mira Dios.

Y yo estaré allí, siendo testigo de cómo un mundo que comenzó a levantarse en mi cabeza ocho años atrás adquiere forma y sentido, y todos los espectros que vagaron por ella encontrarán por fin lo que anhela todo fantasma: un cuerpo. Payejalí, como dirían los “ruskis”: vamos para allá.

 

fecha edicion
old id
652069
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América