Ferrari, los "Demonios rojos" de este año, ganó pero fue demasiado lejos y el mismo Michael Schumacher, a pesar del primer puesto este domingo en el Gran Premio de Austria, por una vez no se sintió orgulloso ni feliz, y cedió a Rubens Barrichello el peldaño más alto del podio.
El disgusto del cuádruple campeón mundial en el A1 Ring de Spielberg fue evidente, aunque más discreto que el de los propios tifosi de la Scuderia, que silbaron la antideportiva decisión de Ferrari de "pedir" al brasileño que dejara pasar, en el último segundo de carrera, a su compañero alemán.
Así Barrichello fue ganador "moral" en Austria --el único trofeo que faltaba en la vitrina de Schumacher--, pudo subir al primer escalón del podio y se llevó la copa del ganador, que deportivamente le cedió Schumacher.
El brasileño fue sin dudas el ganador. Dominó la carrera de punta a punta, sin que Michael Schumacher pudiera interrumpirlo. Y mucho menos los Williams-BMW --impotentes frente a los F2002 del cavallino rampante-- del colombiano Juan Pablo Montoya y el menor de los Schumacher, Ralf, respectivamente tercero y cuarto, pero 18 segundos más atrás.
Barrichello se encaminaba hacia la victoria, por delante de Michael Schumacher, cuando llegó una orden por radio. Como el año pasado por el segundo puesto, Barrichello dejó pasar a su compañero. Abucheo del público en las tribunas y en la sala de prensa al llegar los pilotos para la conferencia. La victoria de Ferrari se convirtió en el triunfo de la vergüenza, en un insulto al deporte.