L os que afirman que el fútbol es cosa de hombres se han quedado en la prehistoria. Hoy no solo lo practican cientos de mujeres en Panamá, sino que muchas de ellas trabajan abnegadamente por verlo crecer y desarrollarse en el país. Es el caso de Rosalina Espinales, la dama del fútbol panameño.
Es la única mujer presidente de un club de la LPF y día a día aporta todo su esfuerzo y experiencia para que su Alianza FC siga creciendo y consolidándose como institución. Está al frente de un grupo de trabajo muy unido que lleva 10 años conformando una estructura administrativa sólida y eficaz.
Rosalina no es ninguna improvisada en materia futbolística. Comenzó en el fútbol infantil administrando la escuelita de fútbol de Chilibre. Posteriormente fue representante del equipo en la Junta Consultiva y tesorera de la Anaprof. “Siempre me llama la atención que se me mencione como la primera mujer, la pionera. En realidad, hay una gran trayectoria de mujeres que no ha sido tan pública como lo es ahora en los últimos años”, afirma.
Fortaleza.
La presidenta de Alianza tiene claro cuál es la principal fortaleza de su club. “Se podrá decir que no contamos con grandes jugadores, que somos un equipo modesto, pero a nosotros nos diferencia nuestra estructura administrativa, siempre hemos sido muy organizados. Nos caracterizamos por llevar las cosas siempre acorde con lo que la ley y los reglamentos establecen. Nos han elogiado por nuestra organización”.
Es consciente de cuáles son las prioridades: “Trabajamos con lo poco que tenemos, pero lo sabemos administrar. Nuestro norte siempre ha sido formar a los niños para que sean la cantera del equipo mayor, y a la vez fortalecer el equipo para traer otros buenos jugadores”, explica con orgullo.
Las categorías menores siguen siendo la gran fuerza del Alianza. “Este es el medio principal para ayudar a los jóvenes a salir de las calles. Estarán entretenidos en otras actividades porque nosotros hacemos convivios en los que ellos participan y siempre se logra que estén ocupados haciendo deporte”.
Rosalina siente el fútbol como un compromiso social y sueña con lograr que todos sus futbolistas vivan completamente de su profesión. “Todavía nos falta, pero vamos bien encaminados”, explica convencida de que el amor por el fútbol que le inculcó su padre desde niña le ayudará a trabajar responsablemente en su club para ayudar a la comunidad.
Y por supuesto el sueño deportivo sigue vivo: “En los próximos cuatro años tenemos que ganar un campeonato, estamos trabajando para ello y lo vamos a lograr”.