Para Michael Morales, el único panameño que ha sentido lo que es estar en la cima del mundo, fue todo un reto estar en el punto más alto de todo el planeta Tierra, como lo es, el monte Everest (8.844 metros de altura); uno de los lugares más temibles e imponentes para cualquier persona que practique el alpinismo.
El amor de Michael por escalar montañas se produjo muchos años atrás, cuando él visitó Nepal, en Asia, y quedó totalmente asombrado con la belleza del monte Everest, el cual se observaba en el horizonte.
“Quedé impresionado. Me fascinó y comencé a entrenar en otras montañas más chicas, me puse ciertas metas para poder llegar al gran reto”, dijo el escalador de 38 años de edad.
Luego de quedar impactado con el Everest, Michael Morales subió la montaña más alta de Sur (Aconcagua, Argentina) y Norte América (McKinley, Alaska).
“Sabía que si lograba hacer eso, entonces podría subir el poderoso Everest, al cual tendría que ir con mucho cuidado”, confesó Morales.
Pese a todo lo que exigía estar cerca del Everest, Michael afirmó: “Me sentía bien en la comunidad Sherpa -sector indígena del Himalaya-, escalé varias veces allí, es una experiencia muy espiritual y también de crecimiento para mí”.
“No lo hice por nada de religión, sólo fue un reto. Además, allá sólo vale sobrevivir”, manifestó.
En cuanto a los percances en el punto más alto del mundo, Morales comentó lo siguiente: “Estuve a punto de abandonar en varias ocasiones por el peligro que sentía, pero no me amilané y seguí adelante”.
“En el Everest hay muchos lugares donde ves la muerte en persona. Puedes observar cadáveres y personas en muy mal estado. Ahí la gente se muere, además, hay 120 muertos en diferentes puntos de la montaña, y en algunas temporadas si hay poca nieve, los cadáveres de otras temporadas salen”.
Michael comentó que uno analiza cuando ve a un hombre acostado con ropa, pero muerto y luego dices: “Es un tipo preparado con experiencia, fuerza y entrenamiento, y sacas la conclusión de que quizás pudiste morir”.
“Vi un cuerpo muerto y pensé en mis hijos y en lo que estaba haciendo, pero pude lograrlo y estoy con vida”, dijo.
“Llegar a la cumbre fue de mucho riesgo. Pero cuando lo hice había mucho viento y no me pude quitar los lentes y la máscara. Sin embargo, saqué la bandera de Panamá, la pude mantener en la mano y decir aquí está mi país”.