El asesinato del Presidente John F. Kennedy parece ser uno de esos capítulos de la historia del siglo XX que no quiere quedar cerrado.
El tema surgió una vez más de manera inesperada cuando el presidente ruso Boris Yeltsin aprovechó su reunión el domingo con su homólogo estadounidense, Bill Clinton, para entregarle un informe sobre los antiguos archivos secretos que el gobierno soviético mantenía sobre el alevoso atentado perpetrado en Dallas el 23 de noviembre de 1963.
"Los documentos serán revisados con el mayor cuidado y todos los elementos interesantes serán hechos públicos", aseguro Sandy Berger, el director del Consejo Nacional de Seguridad que acompañó a Clinton a la reunión bila-teral celebrada en Colonia, Alemania, al margen de la confe-rencia del G-7 más Rusia.
Según Berger, el informe es el producto de una orden emitida por Yeltsin hace varios años para que el servicio de inteligencia ruso revise todos los materiales en los archivos relativos al asesinato del mandatario estadounidense, especialmente los archivos en Minsk, ahora la capital de Bielorrusia, donde vivió Lee Harvey Oswald con su esposa Marina de 1960 al 1962.
Oswald es el hombre que fue identificado como "el solo asesino" de Kennedy por la Comisión Investigadora encabezada por el presidente de la Corte Suprema, Earl Warren, en un informe que suscitó una viva polémica por parte de aquellos que aún creen que se trataba de encubrir una conspiración que para unos involucraba la CIA y/o el exilio cubano. Paradójicamente, otros sospechan que los autores in-telectuales fueron el régimen de Fidel Castro y/o la Unión Soviética.
Las discrepancias sobre el asesinato continúan, en parte porque Oswald mismo fue asesinado mientras estaba detenido en una cárcel de Dallas por lo que nunca se supo cuál fue su testimonio.
Ansiosos de sacarse de encima cualquier sospecha, las autoridades rusas en 1992 enviaron los archivos sobre Oswald a Minsk para que las autoridades bielorrusas los examinaran antes de hacerlos público, pero contrario a las recomendaciones del entonces jefe de los servicios de inteligencia rusos, Vadim Bakatin, veteranos espías de la KGB se opusieron por temor de que se revelaran sus nombres.
"Yo estaría muy sorprendido si el informe ruso tiene alguna re-velación sensacional", opina el historiador Robert Dallek, autor de una reciente biografía de Lyndon B. Johnson, y que esta trabajando en un nuevo libro sobre Kennedy.
"Lo que seguramente demostrará es el temor, la paranoia, del gobierno soviético de que fuera responsabilizado por el asesinato, abriendo así la posibilidad de una guerra nuclear," Dallek señaló en una entrevista telefónica con